"Español cuyano", el idioma que hablan los mendocinos
Aunque solemos hablarlo sin pensar demasiado en ello, en Mendoza usamos una forma particular del español que nos diferencia del resto del país. No es solo una cuestión de acento o de palabras raras: lo que hablamos tiene nombre propio y reconocimiento oficial. La Real Academia Española lo identifica como español cuyano, y aunque muchas veces lo pasamos por alto, ese modo de hablar dice mucho de quiénes somos.
Según Wikipedia, el español cuyano tiene sus raíces en la época colonial, cuando la región de Cuyo dependía de la Capitanía General de Chile. Esta relación histórica y la proximidad geográfica con Chile se reflejan en nuestra entonación, pronunciación y en la incorporación de chilenismos y voces mapuches. Posteriormente, con la consolidación de la República Argentina, el español rioplatense comenzó a ejercer influencia en nuestra habla, especialmente en áreas urbanas como el Gran Mendoza. Esta intersección de influencias ha dado lugar a un dialecto único que combina elementos del español chileno y rioplatense, adaptados a nuestra identidad cuyana.
Y si bien lo hablamos todos los días, pocas veces lo nombramos como lo que es: una forma de hablar que nos representa, que nos conecta con nuestras raíces y que resiste en frases, entonaciones y hasta en cómo le ponemos nombre a las personas.
A peteco, sopaipilla, el choco. No son rarezas ni errores: son modismos cuyanos. Decirlos no es una costumbre vieja, sino una marca de identidad.
¿Usamos el yeísmo rehilado?
Nuestra fonética también tiene lo suyo. En Mendoza no usamos el yeísmo rehilado, ese sonido tan característico del español rioplatense que transforma la y o la ll en una especie de sh o zh. Lo escuchás en Buenos Aires, Rosario o Montevideo. Acá no.
El yeísmo es un fenómeno lingüístico donde los fonemas ll e y se pronuncian igual. Cuando esa pronunciación se hace con un sonido fricativo, como una especie de zha o sha, se llama yeísmo rehilado. Es común en el Río de la Plata, pero en Cuyo conservamos una pronunciación más arraigada a los primeros orígenes de la provincia.
Y hay más: nos comemos las eses, es decir, las aspiramos, algo bastante común en varias provincias argentinas. Y cómo no, ponemos artículos a los nombres propios: la Carla, el Diego, la Manuela, el José. Lo que en otros lugares puede sonar incorrecto, acá significa cariño y pertenencia.