Kurt Cobain, 32 años después: el ícono del grunge que sigue siendo bandera de una generación
Un 5 de abril de 1994, Kurt Cobain tomó la decisión más trágica de su vida. El líder de Nirvana, sumido en una profunda depresión y en su lucha contra la adicción a la heroína, se quitó la vida de un disparo de escopeta en la cabeza en el invernadero de su casa en Seattle. Tenía apenas 27 años y pasó a engrosar el fatídico "Club de los 27", al que ya pertenecían Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison y, más tarde, Amy Winehouse.
Su cuerpo fue encontrado recién el 8 de abril por un electricista que llegó a instalar un sistema de seguridad, junto a él, una carta de despedida que cerraba con una frase que se volvería emblema: "Es mejor arder que apagarse lentamente", un verso de Neil Young. En esa misiva, Cobain escribió: "Lo tengo todo, todo. Y lo aprecio, pero desde los siete años odio a la gente en general (...) Se me acabó la pasión, y es mejor quemarse que apagarse lentamente".
El suceso conmocionó al mundo y marcó el final abrupto de Nirvana, la banda que había revolucionado la música a principios de los 90 con "Nevermind" (1991), el disco que desplazó a Michael Jackson del primer puesto del Billboard y vendió más de 35 millones de copias. Dave Grohl, su compañero en Nirvana y líder de Foo Fighters, lo definió como el mejor compositor de nuestra generación.
A 32 años de su partida, la música de Kurt Cobain no solo sobrevive sino que se reinventa en cada nueva generación que descubre el poder de "Smells Like Teen Spirit". La revista Spin lo ubicó recientemente como el artista más impactante de los últimos 40 años, por encima de Madonna y Prince, confirmando que su figura, como la de todo mito, trasciende el tiempo y sigue inspirando a quienes encuentran en el grunge una forma de canalizar la angustia.