Mi Amigo Invencible "encendió algo para no apagarlo más" en el Espacio Arizu
El sábado pasado, Mi Amigo Invencible celebró en Mendoza los diez años de La danza de los principiantes, su disco más representativo. El recital, que se realizó en un Espacio Arizu colmado, repasó de principio a fin el álbum editado en 2015 y sumó canciones de etapas más recientes. Es muy especial tocar este álbum en casa, rodeados de amigos y de la gente que fue muy importante en su creación, dijo Mariano Di Cesare, cantante de la banda, ante un público que acompañó con entusiasmo cada tema.
El show comenzó con la interpretación íntegra de La danza de los principiantes. Canciones como Máquina del tiempo, Edmundo Año Cero y La danza de los principiantes fueron algunos de los momentos más celebrados. Uno de los puntos más altos llegó con Noches de ciencia ficción, coreada de principio a fin por los presentes.
Durante el recital, el público no solo cantó y bailó: también se vivieron momentos de cercanía, como cuando una fan le obsequió una pulsera al cantante, que él se colocó en el acto. La segunda parte del concierto abrió espacio a material más reciente, como Arco y Flecha, donde Mi Amigo Invencible mostró la evolución de su sonido, sumando nuevas texturas y colaboraciones.
La vigencia de un álbum clave
Publicado en 2015, La danza de los principiantes marcó un punto de inflexión para la banda y para la escena mendocina. No fue un disco más: representó una mutación en su lenguaje sonoro, que hasta entonces se había movido entre la crudeza indie y las narrativas más experimentales. El título mismo del álbum sugiere torpeza y riesgo, pero también impulso y pureza: bailar aunque no se sepa del todo cómo, moverse a pesar de todo. Esa idea atraviesa las canciones y define la estética de un trabajo que consolidó la identidad de Mi Amigo Invencible.
Para la banda, el álbum también significó un cruce de mundos: electrónica y ruralidad, psicodelia e indie, Mendoza y Buenos Aires (ciudad a la que ya se habían mudado). Ese choque de universos no solo abrió una nueva etapa en su sonido, sino que además puso en primer plano a la escena independiente cuyana dentro del mapa musical argentino. Consolidado como un disco bisagra, La danza de los principiantes proyectó a Mi Amigo Invencible más allá de lo local y lo posicionó como referente dentro del indie nacional.
Diez años después, tocarlo completo en Mendoza fue algo más que un ejercicio de nostalgia: fue la confirmación de que esas canciones mantienen su vigencia, siguen generando identificación y funcionan como puente entre quienes acompañan a la banda desde sus inicios y quienes la descubrieron en los últimos años.