¿Para qué nos sirve ser campeones del mundo?
Ayer, en cancha de River Plate, celebramos oficialmente la obtención de la tercera copa del mundo de la Selección Argentina de fútbol. Nos atraviesa por estas horas un exquisito sentimiento de argentinidad. Objetivo cumplido. Argentina Campeón del Mundo por tercera vez en la historia. El pueblo desbordando las tribunas de alegría y felicidad. Messi consagrado como rey del mundo del fútbol. La copa reluciente en las vitrinas de la AFA. Millones de pibes y pibas argentinas que ven por primera vez en su vida, a la selección ganar un mundial. El planeta rendido a los pies (futbolísticamente hablando) de nuestra selección. Un equipo lleno de mística, un recorrido memorable y épico, que ya había comenzado en la Copa América, también ganada por la albiceleste. Todo es inolvidable ¿Qué más se puede pedir?: quizás haya algo más.
En 1995 el presidente de Sudáfrica, Nelson Mandela, le sugirió al capitán de la selección de Rugby de ese país, Francois Pienaar, que la selección local podía inspirar a la unión nacional, (Sudáfrica vivía entonces una grieta tan profunda como la nuestra, por otros motivos que pueden encontrarse con facilidad en la web) sólo bastaba que aquel equipo, intentara dar más de lo que esperaba dar. La notable charla fue recreada de manera inolvidable en la película Invictus que dirigió Clint Eastwood en 2009.
¿Es posible entonces, permitirnos creer que detrás de los goles memorables de Messi y Julián, de las atajadas históricas del Dibu, de los momentos de tensión y sufrimiento de Scaloni y Aimar, alguien pueda advertir, que hay información a disposición, y que este gran logro para el deporte nacional, estuvo sustentado por decisiones maduras, por conceptos ideológicos apoyados sobre grandes pilares?: el trabajo en la búsqueda de la excelencia y la unión grupal, todo esto como pocas veces se dio.
¿Cómo lograr inspirar a los demás que nos rodean? Yo a veces creo que sirve usar el trabajo de otros. Necesitamos inspiración, porque si se quiere levantar esta Nación, todos debemos exceder nuestras expectativas. Nelson Mandela
El desempeño profesional de Scaloni y su equipo de trabajo, la seriedad de la tarea, más la convicción de un grupo de jugadores que tiró siempre para el mismo lado, abandonando todo tipo de diferencias, sin importar a quien le tocara ser titular o quien debía quedar en el banco de suplentes, han sido el combustible esencial para llegar a este momento de gloria.
No obstante, el camino recorrido debió haber sido reconocido de igual modo, si nos tocaba perder la final, o las semifinales. Se sabe que por estas latitudes ganar legitima todo; bueno, ahí está: se ganó, se validan doblemente los recursos utilizados para alcanzar tal fin. No hay excusas. Surgen entonces las inevitables preguntas: ¿Es posible copiar ese ejemplo como sociedad? ¿Es posible imitar ese modelo deportivo para aplicar al desarrollo del país? ¿Es posible que la dirigencia política, los medios de comunicación, empresarios, comerciantes, ciudadanos y ciudadanas podamos vernos inspirados por ese ejemplo? En principio la respuesta fácil sería: No, no es posible, aunque vale decir que millones de argentinas y argentinos se identifican con este proceso de la selección, y así viven cada uno de sus días, sus trabajos, sus búsquedas. Evidentemente, y a la luz de los resultados, no son la mayoría.
¿Es utópico creer que podemos trabajar en búsqueda de la excelencia y tirando todos para el mismo lado? La experiencia nos indica que sí.
No va a suceder. No es posible por razones socioeconómicas que son parte de otro debate, (en el mundo real de la economía de una sociedad, se precisan desigualdades para que quienes más poder tienen, más condiciones impongan), no existe el tirar todos para el mismo lado. Se trata de una abstracción plagada de emocionalidad, pero vacía de realidad. No es posible porque la actividad política está siendo entendida como la extensión futbolera de dos clubes rivales de toda la vida, que quieren ganar como sea la partida (las elecciones).
La denominada grieta se evitará un momento (sólo un efímero momento), durante los festejos, pero con los días, volverá todo a su intolerante sitio de siempre. Además, tampoco debiéramos desoír las voces insensibles que dictan que el fútbol es lo que es, y no puede ser considerado un ejemplo válido para aplicar a la vida misma.
De todos modos, la experiencia nos dice que no hay chance alguna de que este logro nos inspire a mejorar como comunidad, (quizás pueda hacerlo, ojalá así sea, en forma individual, sobre todo con las nuevas generaciones que apuntan a ser los Messi de cada actividad que emprendan en el futuro). La reciente obtención de la Copa América fue un claro ejemplo, nada cambió. Pero ser campeones del mundo, sin embargo, nos da una nueva posibilidad, puede servirnos al menos para observar un modo de entender y materializar la realidad, que conduce a cumplir sueños. El ejemplo dado por el trabajo de la Selección Argentina, durante mucho tiempo estará ahí, latente, para ser imitado antes de que todo estalle.
En tiempos en los que gran parte de los y las argentinas no consiguen ser felices, un buen rato de felicidad y amor viene muy bien, la alegría de los pueblos es determinante para alimentar un poco la autoestima. Por eso brindemos, podemos permanecer en las calles, podemos flamear banderas, arrojar espuma y bailar, no faltarán también quienes produzcan desmanes y quienes soberbiamente se burlen de los rivales a quienes les tocó perder; podemos cantar, embriagarnos, disfrutar la vida, reír y llorar de emoción durante días, por la obtención de una nueva copa del mundo. Aunque por el momento, (un logro lleno de señales que podrían inspirarnos para ser una mejor nación), no nos sirva para mucho más.
Más allá de lo dicho la esperanza estará latente, siempre viva. Un par de fotografías bastan para encender la ilusión. Estimado lector y lectora, observe con detenimiento las próximas dos fotografías:
Ahí, en las imágenes precedentes seguramente haya hinchas de River, de Boca, de Racing, seguro se fundan en un abrazo desconocido, peronistas y macristas, probablemente haya católicos y agnósticos, quizás algún empresario y otros tantos trabajadores, ricos y pobres, todos luciendo con orgullo la camiseta argentina, todos alentando al equipo que los representa. Necesitamos inspiración, algo que nos motive a cada una, cada uno, cada une, a ser mejor en lo que hacemos y somos día a día. Necesitamos inspiración, aunque muchos de los nuestros, busquen que el aire del país y la provincia se torne irrespirable.