DEL DEPORTE AL CRIMEN

De ciclista campeón a terrorista asesino

Pasó de ganar el Cruce de los Andes a derribar un edificio con un ómnibus bomba

La historia señala que el mismo hombre que tuvo un brillante paso por el ciclismo colombiano y que pudo demostrar su capacidad en distintas ciudades del mundo, incluso en Mendoza, Argentina, terminó asesinado en un sillón de peluquero en 1990.
En 1975, Gonzalo Marín ganó el 7º y último Cruce de los Andes, competencia de ciclismo que unía Mendoza con Santiago de Chile, ida y vuelta, además de lograr otros triunfos, que lo enaltecieron entre “Los Escarabajos Colombianos”.
Después, corrió para el equipo Ositto, propiedad de los hermanos Escobar, y en su retiro como ciclista se transformó en un integrante del Cartel de Medellín y fue uno de los nexos fundamentales dentro de la organización e ideólogo de uno de los más grandes atentados terroristas de Colombia, en 1989, en donde murieron 63 personas y quedaron 600 heridos.

La historia de Gonzalo Marín: el ciclista del cartel de Escobar -  Fotos: Santiago Pizarro

El último Cruce de Los Andes

Ocurrió entre el 18 y el 26 de enero de 1975. “Los colombianos dictaron cátedra. En todo sentido. Desde la primera etapa realizada contrarreloj, demostraron una excelente preparación y un dominio absoluto de la escalada, lo que confirmaron plenamente en la subida hasta el Cristo Redentor, ubicado a 4.200 metros de altura.
A ese punto máximo de la competencia arribaron en los primeros tres lugares Norberto Cáceres, Gonzalo Marín y José Giménez, en poco más de media hora desde Las Cuevas. Sensacional performance como la de los demás competidores.
Fue un momento único en el historial del Cruce. Se había llegado a una altura increíble. Un error en el camino determinó el abandono de Norberto Cáceres (en Chacabuco, Chile), puntero hasta ese momento, tomando el comando Marín, que dominando la prueba, brindó una espectacular escalada hasta Portillo.

Brillante actuación de Gonzalo Marín: el ciclista del cartel de Escobar - Foto: Santiago Pizarro

Acaso esta edición es la que alcanzó mayor jerarquía competitiva de las siete realizadas”.
Así se sintetizó el 7° Cruce de Los Andes (de Mendoza a Santiago de Chile ida y vuelta), el libro “Pedaleando”, de Santiago Pizarro y Rodolfo Mikkan, bajo el título “Esas piernas color café”.
La carrera se dividía en 8 etapas: 4 en Argentina y 4 en Chile en las cuales cruzaban la cordillera de Los Andes por el túnel internacional Cristo Redentor.
Fue el último de los que se hicieron desde 1967. El ciclista local Ernesto Contreras ya se había retirado y estuvo como comentarista deportivo en la radio LV10. El Cóndor de América ganó en 1968 y 1973, fue segundo en 1967 y 1972, tercero en 1971 y séptimo en 1974. En 1969 y 1970 no se realizó. Este mismo apodo le pusieron a Gonzalo Marín en Colombia, al regreso a su país tras ganar en 1975.

La majestuosa cordillera de los andes y los ciclistas en plena función - Foto: Santiago Pizarro

A ese 7° Cruce (el último) lo empañó el abandono de 31 ciclistas en la sexta etapa de vuelta de Chile, porque querían que se sancionara el doping positivo de un uruguayo que continuaba en carrera. Se declararon en rebeldía y dejaron la competencia. Otros 27 ciclistas la terminaron y llegaron al autódromo de Mendoza con el dominante Gonzalo Marín, que ganó 3 etapas y fue segundo en otras tres, de las ocho que sumaron los 664 kilómetros de recorrido.

La historia de Gonzalo Marín: el ciclista del cartel de Escobar - Foto: Santiago Pizarro

La transformación de Chalo Marín

En las páginas Alp&Andes.com y ElTiempo.com se analizó la vida del ciclista y además su relación con el Cartel de Medellín y los atentados terroristas.
Gonzalo Marín (nació en 1952), oriundo de Antioquia, cuya capital es Medellín, corrió al más alto nivel del deporte en Colombia durante gran parte de la década de 1970 (ganó 3 medallas, 1 de plata y 2 de bronce en competencias Panamericanas). Durante ese tiempo, había logrado puestos en el podio de la Vuelta a Colombia (en 1972 y 1978).
A diferencia de otros ciclistas colombianos de la época, Marín fue uno de los pocos que corrió en Europa. Chalo, como lo llamaban la familia y los fanáticos, había dirigido a un joven equipo colombiano en el Piccolo Giro en 1974. Durante esa carrera, el equipo colombiano fue dominante y tomó varias etapas, mientras que Marín finalmente terminaría segundo en la general (sus compañeros terminaron tercero y cuarto también). El rendimiento del equipo dio un gran impulso al ciclismo colombiano.
Escalador despiadado en la gran tradición colombiana, Chalo corrió para el equipo Bicicletas Ositto, bajo la dirección de Roberto Escobar (hermano de Pablo Escobar). Ositto era una fábrica de bicicletas propiedad de Roberto y Pablo Escobar. En su juventud Roberto Escobar era un ciclista que ganó varias competencias nacionales y también ocupó el cargo de técnico de equipos colombianos en el exterior. Lo apodaban Osito.
Por esta razón bautizó con dos T la fábrica Ositto. Cuando se armó el equipo para las carreras en Colombia, se construyó alrededor de Marín, quien conocía a los Escobar desde hacía algún tiempo, y también había competido en equipos más pequeños patrocinados por las campañas políticas de Pablo Escobar para cargos públicos.
Además, el primo de Gonzalo Marín era cuñado de Escobar. En un mundo en el que se podía confiar en pocos, Marín era de la familia de Escobar.

Vestigios de la barbarie en Colombia - ARCHIVO

El ómnibus-bomba

En la mañana del 6 de diciembre de 1989 un ómnibus en Bogotá estalló con 500 kilos de explosivos frente al edificio del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), que causó la muerte de 63 personas y cerca de 600 heridos.
La bomba, compuesta por 500 kilos de dinamita traída de Ecuador, colocados en un ómnibus con emblemas de la empresa de Acueducto de Bogotá, explotó a las 7.33 en el costado oriental del edificio. La explosión dejó un cráter de 13 metros de diámetro y 4 de profundidad.
Este atentado iba dirigido al entonces director del DAS, Miguel Maza Márquez, quien salió ileso. La onda expansiva alcanzó un radio de diez manzanas a la redonda (unos 3 km).
En el hecho murieron 63 personas entre funcionarios y transeúntes. Las pérdidas materiales fueron cuantiosas, no solo en el edificio -que quedó destruido en su fachada-, sino también las casas y negocios aledaños. Más de 300 establecimientos comerciales de la zona de Paloquemao quedaron arrasados, así como edificios de departamentos, 15 corporaciones financieras, 15 bancos, más de 200 juzgados y 70 fiscalías.

Imágenes del horror en Colombia tras el atentado  - Archivo 

Algunos cuerpos resultaron tan despedazados que las autoridades no pudieron realizar un reconocimiento y entregaron urnas simbólicas a los familiares. Gran parte de las personas que resultaron levemente heridas o con mutilaciones fueron transeúntes civiles, personas que estaban en las inmediaciones del edificio haciendo trámites diligencias en el organismo.
Los resultados de la investigación del bombardeo del DAS indicaron posteriormente, que el organizador principal del ataque, el hombre que autorizó el atentado, fue Gonzalo Marín.

El peor atentado de Colombia perpetrado por el cartel de Escobar - Archivo 

De repente, se informó que el antiguo apodo deportivo de Marín (Chalo) era su alias en la clandestinidad criminal. Sus vínculos con Escobar eran bien conocidos, pero nadie sospechaba que el ciclista, a quien adoraban miles de colombianos, había ordenado uno de los actos terroristas más horrendos y potencialmente desestabilizadores de la historia colombiana.

A los 4 meses, lo asesinaron

El 25 de abril de 1990, Gonzalo Marín fue brutalmente asesinado, algo de lo que apenas se había informado en las fuentes de noticias colombianas, incluso con el relativo nivel de celebridad de Marín, como ciclista retirado.
Después de su participación en el atentado con bomba del 6 de diciembre de 1989 que mató a 63 personas, la muerte de Marín se produjo a raíz de su conexión con los traficantes, concretamente con Pablo Escobar y el Cartel de Medellín.
Marín fue encontrado muerto en una barbería, estrangulado, y su cuerpo presentaba claros signos de tortura. Le habían quitado todas sus pertenencias, pero le habían dejado a propósito un artículo en uno de sus bolsillos. Era un boleto de papel que mostraba que había visitado a alguien en la prisión de máxima seguridad en las cercanías de Itagüí. Fue allí donde Roberto Escobar (hermano de Pablo y antiguo director de equipo de Marín) fue encarcelado por delitos relacionados con armas, tráfico, extorsión, secuestro, enriquecimiento ilícito y su conexión con la muerte de 4.000 personas.

El asesinato de Marín fue rápidamente atribuido a un grupo conocido como Los Pepes (Gente Perseguida por Pablo Escobar). Los Pepes eran un grupo de justicieros compuesto por los enemigos de Pablo Escobar, quienes asesinaban despiadadamente a los familiares de Escobar, así como a abogados, contadores o cualquier otra persona que tuviera vínculos con el narcotraficante o su familia.
Estos asesinatos fueron brutales mediante tiroteos, estrangulamientos, atentados con bombas o métodos creativos destinados a conmocionar y asustar a Escobar.

El director del DAS, Miguel Maza Márquez, agregó que el ciclista Gonzalo Marín, identificado dentro de la organización terrorista que participó en la acción criminal como Chalo, fue quien recibió la plata y sirvió como soporte para los atentados de Bogotá y otras ciudades del país. Era algo así como un oficial logístico de enlace entre el narcoterrorista Pablo Escobar y el resto de la organización que estaba ejecutando los actos.
El director del DAS dijo que, dentro de la investigación del atentado, se estableció que el manejo financiero para subsidiar la acción partió de diferentes cuentas de testaferros del Cartel de Medellín.
La investigación permitió establecer que en cada cuenta analizada se movieron capitales por millonarias sumas para la adquisición de dinamita, la compra de casas y vehículos y el pago de terroristas. En esas operaciones Gonzalo Marín fue un ejecutor fiel del Cartel de Medellín y de Pablo Escobar.

El Chalo Marín era el mismo hombre que los argentinos y chilenos vieron ganar el 7° Cruce de los Andes y al que aplaudieron a su paso, subiendo y bajando la cordillera.
Se transformó de un campeón deportivo a un ejecutor del plan perfecto para matar.