Fútbol

¡FELIZ CUMPLEAÑOS MAESTRO!

El 29 de mayo de 1937 nacía en Las Heras, Mendoza, una leyenda del fútbol mendocino Víctor Antonio Legrotaglie. Hoy sus 83 años lo encuentran como vicepresidente de su querido Gimnasia y Esgrima.

El 29 de mayo de 1937 nacía en Las Heras, Mendoza, una leyenda del fútbol mendocino Víctor Antonio Legrotaglie. Hoy sus 83 años lo encuentran como vicepresidente de su querido Gimnasia y Esgrima.

La tarde del 14 de abril de 1956, hizo su presentación oficial en primera división, con la camiseta blanquinegra del Club Gimnasia y Esgrima, un pibe lasherino de 18 años, zurdito, atrevido, habilidoso y goleador. Su nombre: Víctor Antonio Legrotaglie. Así comenzó a escribirse la leyenda del Maestro, considerado el mejor futbolista mendocino de todos los tiempos.

El inigualable volante ofensivo deslumbró como jugador en los clubes Gimnasia, Chacarita, Atlético Argentino, Atlético de la Juventud Alianza de San Juan, Américo Tesorieri (La Rioja) y selección mendocina.

El ídolo de Gimansia también tuvo su trayectoria como técnico. Pasó por Gimnasia, Atlético San Martín, Huracán Las Heras, Godoy Cruz, Boca de Bermejo, Luján de Cuyo, Deportivo Maipú, Gutiérrez Sport Club y Deportivo Guaymallén.

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Así jugaba el recordado Gimnasia del Víctor

"Al Lobo mendocino siempre se lo supo reconocer por una escuela y una buena manera de jugar y sentir el fútbol. El buen trato del balón era el sello distintivo de Gimnasia y Esgrima, apoyando un estilo de juego en el que cuidar la pelota era una religión, reventarla suponía un pecado mortal y propiciar el toque era sagrado.

Hoy, todavía hoy, cuando ha transcurrido ya un tiempo largo de aquellas maravillosas tardes de fútbol de los años 60 y 70, se recuerdan las genialidades del Victor y compañía, altruistas  defensores del juego virtuoso, la pelota pisada y la entrega corta al ras del piso, lo que dio nacimiento al famoso cántico: "¡Y toque, Lobo, toque" que pedía la hinchada blanquinegra y que quedó inmortalizado en el tiempo transmitiéndose de generación en generación.

Aquel equipo conducido y liderado por el Victor era un fiel cultor de fútbol alegre, del fútbol vistoso, del fútbol espectáculo. Del fútbol simple y sin misterios, basado en una linea de juego bien definida que trataba funbdamentalmente de conservar la pelota, sin rifarla ni arriesgarla. Una escuela de juego siempre alimentada por una obstinada obsesión: el toque.

La paciente y progresiva trituración y vulneración del rival, a la manera de Gimnasia encontraba en el Legrotaglie la referencia obligada al cruzar la mitad de cancha. Los compañeros lo buscabán y se refugiabán en su zurda infalible, y ya con la pelota en su poder, el Víctor comenzaba la circulación del balón tocando y pasando. El intento constante por destaparse y el desmarque inevitable era parte del proceso de los jugadores mensanas en la búsqueda de lugares vacíos para que el toque pueda seguir vigente. Así jugaba el recordado Gimnasia del Víctor.

Texto: Matías Soria (autor del libro El Víctor)

 ¡Salud Maestro!

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