Segun un estudio, Argentina tiene un gran potencial para aumentar ingresos en dólares
El potencial económico argentino, especialmente en el sector agroindustrial, está lejos de ser aprovechado plenamente debido a diversas trabas que frenan la producción. Sin embargo, la implementación de reformas estratégicas podría impulsar la entrada de divisas y mejorar varios indicadores económicos.
Actualmente, la agroindustria representa cerca del 17% del Producto Bruto Interno (PBI), concentra más de la mitad de las exportaciones, y genera una importante porción del empleo y empresas en el país. Pese a ello, la actividad muestra señales de estancamiento producto de la volatilidad macroeconómica, políticas microeconómicas poco efectivas y problemas de coordinación entre distintos eslabones de la cadena productiva.
Un análisis reciente realizado durante el primer trimestre de 2025 por la consultora EY, que incluyó la opinión de más de 50 referentes del sector, confirmó que la producción de 2022 se mantiene en niveles similares a los de 2010, mientras que la participación argentina en las exportaciones mundiales no ha crecido en las últimas dos décadas y la expansión exportadora es considerablemente inferior a la de países vecinos como Brasil.
No obstante, el estudio plantea un escenario optimista para el futuro. De avanzar en una agenda integral que apueste a la competitividad, incorporando innovación, tecnología y un enfoque de cadena, el sector podría lograr un aumento del 74% en las exportaciones, un saldo comercial superior en 35.000 millones de dólares, un crecimiento del PBI cercano al 10% y un incremento en la recaudación impositiva de 5.000 millones de dólares, incluso después de eliminar los derechos de exportación.
Para alcanzar estos objetivos, es fundamental avanzar en cuatro áreas clave: implementar políticas microeconómicas que incentiven la inversión y el crecimiento del cluster agroindustrial; desarrollar una infraestructura logística y tecnológica eficiente que reduzca costos y permita una gestión integrada basada en datos; adoptar tecnologías digitales y biotecnológicas que mejoren los rendimientos, la calidad y el impacto ambiental; y construir un consenso colectivo que facilite la coordinación entre todos los actores de la cadena y permita generar valor agregado.
La transformación digital emerge como un pilar esencial para alcanzar nuevos niveles de eficiencia y superar las barreras de coordinación que actualmente limitan el potencial del sector. Asimismo, los referentes plantean que la agenda de competitividad debe incluir la promoción de modelos de innovación abierta y el desarrollo de plataformas digitales que favorezcan tanto a las empresas individuales como al conjunto de la cadena productiva.