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Cannes y las ovaciones de pie: ¿elogio sincero o estrategia mediática?

Las aclamaciones que duran minutos enteros en el festival francés se han convertido en una tradición que muchos ya cuestionan. ¿Cuánto dicen realmente sobre una película?

Año tras año, el Festival de Cannes recibe a miles de cinéfilos, estrellas y periodistas que celebran, entre aplausos interminables y vestidos de alta costura, la primera proyección de los filmes en competencia. Pero detrás de las ovaciones de pie que se cronometra al segundo, hay algo más que emoción genuina: hay protocolo, espectáculo y una cuota importante de presión social.

Las ovaciones que a veces superan los ocho o diez minutos no reflejan necesariamente la calidad de una película. Las premières se realizan ante un público selecto y muchas veces afín a la producción: miembros del elenco, invitados especiales, amigos de los directores y algunos periodistas que no lograron entrar a las funciones de prensa. En ese contexto, resulta impensable no aplaudir.

Lejos de ser un termómetro de prestigio, las ovaciones se han vuelto una costumbre que responde más a la lógica de la puesta en escena que al juicio artístico. La crítica especializada suele tener una mirada completamente distinta. Películas como Sirat fueron ovacionadas largamente, pero obtuvieron críticas durísimas en medios como The Guardian y Le Monde. En cambio, títulos con reacciones más discretas han terminado llevándose premios importantes, como Anora o Emilia Pérez, cuyos destinos en la temporada de premios no se reflejaron en la duración de los aplausos que recibieron en la Riviera francesa. Tal vez sea hora de dejar el cronómetro de lado y volver a mirar con atención lo que realmente importa: la película.