LEGADO CINEMATOGRÁFICO

“Procopiuk”: Un documental que revive al pionero del cine patagónico

El filme de Diego Lumerman rinde homenaje a Carlos Procopiuk, quien dedicó su vida a contar historias del interior neuquino a través de su lente.

El documental Procopiuk, dirigido por el cineasta neuquino Diego Lumerman, llega al Cine Gaumont de Buenos Aires para presentar al pionero de la cinematografía patagónica Carlos Procopiuk. Esta obra rescata el legado de un realizador que durante más de cincuenta años capturó la vida de la Patagonia, entrelazando el documental, el cine comunitario y la ficción fantástica. La película estará en cartel hasta el 6 de noviembre y ofrece una ventana única a un archivo visual que rinde homenaje a la identidad y cultura del norte neuquino.

procopiuk

A través de sus más de 200 producciones, Procopiuk retrató historias que van desde la vida cotidiana de los crianceros—productores de ganado en la Patagonia—hasta las tradiciones de las comunidades mapuches y las leyendas de la región. Lumerman, quien descubrió su obra durante una investigación para otro proyecto, se propuso rescatar la memoria de este cineasta, cuya labor ha permanecido en gran medida desconocida para las nuevas generaciones. Gracias a un exhaustivo trabajo de recopilación de material y entrevistas, el documental no solo destaca la trayectoria de Procopiuk, sino que también invita a reflexionar sobre la rica historia cultural del sur argentino.

A través de su prolífica carrera, Carlos Procopiuk no solo se destacó como director, sino que se convirtió en un auténtico ícono del cine patagónico, trabajando de manera integral en cada proyecto: escribía guiones, editaba y producía con los escasos recursos que tenía a su disposición. Su colaboración con Lorenzo Kelly fue el punto de partida que le permitió consolidar su propio estilo y hacerse un nombre en el mundo cinematográfico. Desde fines de la década de 1950 hasta bien entrado el siglo XXI, Procopiuk produjo una vasta cantidad de obras, que abarcaban tanto documentales como ficciones, en las cuales utilizaba a amigos y actores amateurs de la región. Sus films, como El muro de cristal y El laberinto de los dioses, no solo contaban historias cautivadoras, sino que también capturaban la belleza natural de la Patagonia, aprovechando cada rincón de montañas, bosques y arroyos. A pesar de que gran parte de su material se ha perdido, el documental logra transmitir la esencia de un hombre apasionado por el cine, cuya vida se entrelaza con las anécdotas y recuerdos de quienes trabajaron a su lado, revelando a un Procopiuk que, aunque de perfil bajo, dejó una huella imborrable en el arte de contar historias visuales.