CINE

Se confirmó que la película de Francella recibió un subsidio de 150 millones de pesos del Estado

El filme Homo Argentum, que fue elogiado por el Gobierno nacional como un ejemplo de producción privada, participó en un programa de la Ciudad de Buenos Aires para recibir el apoyo financiero.

El estreno de Homo Argentum, la película de Mariano Cohn y Gastón Duprat protagonizada por Guillermo Francella, generó un fuerte debate en el país. Sus realizadores y el propio actor se refirieron en varias oportunidades al cine argentino y a la supuesta autonomía del proyecto, lo que le valió elogios de figuras del Gobierno nacional que lo celebraron como un ejemplo de producción sin financiamiento estatal. Sin embargo, en las últimas horas se conoció una información que contradijo ese relato: la película sí recibió un subsidio público, un dato que reavivó la polémica y puso en jaque el discurso sobre el "cine privado".

Se supo que, en 2024, Homo Argentum fue una de las producciones beneficiadas por un programa del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. A través del certamen "BA Producción Internacional", el Estado porteño le devolvió a la productora Pampa Films parte de la inversión que había realizado en el filme, con el objetivo de fomentar proyectos con proyección internacional. Según fuentes oficiales, la película habría recibido alrededor de 150 millones de pesos, un apoyo que, en ese momento, gestionó el exministro de Desarrollo Económico de la Ciudad, Roberto García Moritán. La revelación de este financiamiento estatal dejó en evidencia una contradicción entre lo que se decía en la pantalla y lo que pasaba detrás de cámaras.

La polémica se intensificó por el contexto actual, ya que el cine nacional atraviesa un momento delicado tras las medidas que limitaron los subsidios a películas locales. Mientras el presidente Javier Milei calificó al filme de Francella como una "obra de arte" y lo promocionó como un ejemplo de éxito privado, la realidad demostró que contó con apoyo del Estado. Esta situación generó un fuerte contraste con el discurso de quienes defienden la eliminación del financiamiento público en la cultura, ya que ellos mismos se beneficiaron de él.