VENDIMIA 2025

“Guardiana del vino eterno” brilló con tradición, pero no mostró grandes sorpresas

Mendoza vivió una nueva edición de la Fiesta Nacional de la Vendimia en el Teatro Griego Frank Romero Day, con un espectáculo que apostó por la tradición y la imponencia escénica, aunque con una narrativa que dejó algunos vacíos.

El teatro griego Frank Romero Day volvió a vibrar el último sábado 8 de marzo con la 89ª edición de la Fiesta Nacional de la Vendimia. “Guardiana del vino eterno”, una propuesta que buscó exaltar la historia y el espíritu de la vitivinicultura mendocina bajo la dirección de Franco Agüero.

Con una estructura dividida en doce cuadros, la puesta en escena hizo un recorrido por los distintos aspectos de la cultura del vino: desde los viñedos y los trabajadores de la vid hasta la celebración del brindis y la identidad mendocina reflejada en las danzas folklóricas. A lo largo de la noche, el público fue testigo de un despliegue artístico donde la tonada, la cueca, el gato y la zamba se sucedieron en una coreografía que, si bien mantuvo la esencia vendimial, dejó entrever algunas carencias en su narrativa.

La llegada del ferrocarril y la historia hecha durmiente

La Virgen de la Carrodilla, una ausencia que se hizo sentir
Uno de los momentos más movilizantes en cada Vendimia es el momento donde los mendocinos conectan con sus raices y su fe, lo que se materializa con la Virgen de la Carrodilla, patrona de los viñedos y símbolo de la fe de los trabajadores de la vid. Sin embargo, este año su presencia no tuvo el protagonismo habitual, y el cuadro que le rindió homenaje careció de la emotividad que en otras ediciones ha generado su imponente presencia sobre el escenario. Si bien se incoporó su imagen a las pantallas, la ausencia de una representación más fuerte de la Virgen dejó una sensación de vacío en el relato. 

El cuadro de la Virgen de la Carrodilla marcado por su ausencia en el escenario


Un guion con buenos momentos, pero sin un hilo conductor claro
La historia de  "Guardiana del vino eterno" prometía ser una metáfora poderosa sobre el legado de la vitivinicultura y la protección de esta tradición a lo largo del tiempo. Sin embargo, a medida que avanzaba el espectáculo, la conexión entre los cuadros se fue diluyendo, dando la sensación de una sucesión de escenas independientes en lugar de una historia unificada que desafiara al público a una nueva emoción. El concepto de los racimos como símbolo de la unión y la continuidad de la cultura del vino no se ensambló con la fuerza esperada. Si bien cada cuadro tuvo su impacto individual, faltó un hilo narrativo más sólido que diera cohesión y profundidad a la propuesta.

La historia en el baile, las miradas y los inmigrantes


Un cierre que se llevo todos los laureles
El espectáculo culminó con el tradicional “Brindis por el mundo” y un vibrante “Malambo Final”, dos elementos que ya son un sello de la Vendimia. Sin embargo, ante el saludo final de los artistas, en las pantallas del teatro griego, se proyectaron los carteles de cada una de las 89 ediciones de la Fiesta Nacional de la Vendimia. Este cuadro funcionó como un recordatorio de la larga historia de la celebración, trayendo a la memoria de los asistentes los títulos de vendimias icónicas que han dejado huella en la cultura mendocina.

Malambo y fuerza en el último cuadro


"Guardiana del vino eterno" fue un espectáculo visualmente impactante, sin embargo, la falta de un guion más sólido y la ausencia de recursos disruptivos e innovadores que cuenten la historia desde otra veta hicieron que la puesta no alcanzara todo su potencial.

Ritmos en el brindis por el mundo

En los últimos años, la Fiesta Nacional de la Vendimia ha consolidado una propuesta artística que, aunque visualmente impactante, se vuelve cada vez más predecible. La estructura de los cuadros, las secuencias coreográficas y los momentos icónicos parecen moverse dentro de un esquema inamovible, donde solo se intercambian de lugar, pero rara vez se replantean en profundidad.

No faltan en cada edición grandes directores con una vasta experiencia, un profundo conocimiento de la cultura mendocina y un talento indiscutible para construir espectáculos imponentes, pero surge la pregunta inevitable: ¿Es el exceso de tradicionalismo lo que nos mueve o el temor a forjar una nueva Vendimia? La historia la escribimos todos los días, y cuando en el año 2136 nuestra Fiesta Nacional, con ya 200 años, siga contando la identidad de Mendoza, ¿qué dirá de esta época, de nosotros, de quienes hacemos historia en las calles, en los surcos y en la viña día a día?

Repensarnos es quizá el deber más complejo, pero también el más necesario. Si la Vendimia es el reflejo de su gente, ¿es este tu reflejo?

El protagonista de la noche: el malambo