EN PRIMERA PERSONA

Entre Costa Rica y Argentina: Mi Historia de Amor y Aventura

Dejé mi hogar en Costa Rica para seguir a mi corazón hasta Argentina. En Potrerillos encontré no solo el amor, sino también una familia y una nueva vida entre montañas, asados y el 'che' que ya siento propio

Me llamo Cindy, dejé mi vida en mi natal Turrialba para llegar a este país, específicamente a un pueblo llamado Potrerillos, un lugar con paisajes espectaculares y personas maravillosas, arraigadas a más no poder a su cultura.

Ahora, cuando cierro mis ojos, me asombro de lo rápido que pasa el tiempo. Hace un año, anhelaba que llegase el 5 de noviembre, una fecha que marcó un antes y un después en mi vida, pues sirvió de detonante para que mi cuento de amor se hiciera realidad.

Corría el año 1997. Trabajaba en una panadería, y fue ahí donde vi por primera vez a un joven argentino, moreno, musculoso y, para mí, muy apuesto. Gustavo Álvarez es su nombre. Él había llegado a la ciudad para trabajar en una reconocida empresa de turismo en Costa Rica orientada al rafting. Pero no fue hasta un año después que tuve el gusto de entablar una amistad y de ahí surgieron algunas salidas ocasionales que me hicieron pensar: “este che me encanta”.

Con el transcurrir del tiempo, él se fue del país y no fue hasta seis años después que nos volveríamos a encontrar en la misma ciudad. Ustedes se podrán preguntar: ¿salieron? Sí, pero, al igual que en el pasado, salimos y no se dio, así que cada uno siguió su camino.

Para el año 2016, por esas casualidades, encontré su perfil en la red social Facebook. Para ese tiempo yo tenía 37 años y él 46, así que no me sorprendió que fuese un hombre con una vida emocional y laboral completa.

Y como dice la canción “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida ¡ay Dios!”, en el año 2022 nos reencontramos casualmente en la misma panadería. Para ese entonces, su relación de pareja había terminado.

Al principio, comenzamos a salir como amigos, hasta que seis meses después nos dimos la oportunidad de conocernos de forma afectiva. Aunque Gustavo me decía: “llegaste a mi vida en una edad que, por lo vivido, no sé si me voy a volver a enamorar”, pese a ese pronóstico le aposté, y al día de hoy no me arrepiento. Para finales de ese año, Gustavo volvió a Argentina.

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A pesar de ello, para mí era algo maravilloso. En menos de un año habíamos logrado generar confianza, amor, y decidimos seguir adelante. Le dije: “el otro año iré a Argentina”.

Y así fue como once meses después pisé el suelo de este país, con la idea de que la relación fluyera, y desde entonces, todo ha sido para mejor.

Actualmente vivimos juntos, a la espera de que salga su divorcio para casarnos. Él está a cargo de sus dos hijos, así que, en un abrir y cerrar de ojos, me comprometí no con una sino con tres personas que hoy significan mi mundo.

Para mí, nuestra vida es de ensueño. Desde que nos despertamos hasta finalizar el día, nos acompaña la intercultura, tanto en léxico como en gastronomía. Por ejemplo, en el desayuno no falta el gallo pinto con café (desayuno típico de Costa Rica), y las reuniones con amigos son impensables si no hay asado.