Descubre el truco casero para evitar que la lavanda del jardín se seque
La lavanda es una de las plantas aromáticas por excelencia, perfecta para tener en casa. Los cuidados de la lavanda no son demasiado complicados; y no solo nos proporcionan el placer de disfrutar de la belleza natural de esta planta sino, además, su mayor virtud: su peculiar e irresistible perfume. Se trata de un aroma que huele a verano, a naturaleza y a fuente de remedio medicinal natural.
Hay que tener en cuenta, aunque la lavanda sea fácil de cuidar y no requiere de muchas atenciones, hay algo que, si no haces correctamente, y en su tiempo estipulado, puede hacer que tu planta se seque. Para evitarlo, te contamos el truco más sencillo y usado en el mundo de la jardinería.
Para realizar una poda correcta, se aconseja realizarla a principios de la primavera, justo antes de que comience su nuevo ciclo de floración para estimular la producción de flores y ramas. También puedes realizar una ligera poda después de la floración en verano para eliminar las flores marchitas y promover un crecimiento más denso.
Lo ideal sería cortar, aproximadamente, un tercio del crecimiento anterior, enfocándose en las áreas leñosas y las ramas muertas. No podes demasiado profundo para evitar dañar el tejido leñoso, ya que la lavanda no brota bien desde la madera vieja.
Además de la falta de poda, hay muchos otros factores, tanto de cuidados como medioambientales, que pueden causar que la lavanda se seque. Para que te hagas una idea, aquí te dejamos los más comunes:
Un riego incorrecto: La lavanda es una planta que tolera bien la sequía, por lo que regarla en exceso puede provocar que las raíces se pudran y que, por consiguiente, la planta se seque. Por eso, asegúrate siempre que el suelo está bien drenado y deja que se seque entre riego y riego.
Falta de luz solar: La lavanda necesita al menos seis horas de sol directo al día para prosperar. Si se cultiva en un lugar con poca luz, puede debilitarse y secarse con el paso del tiempo.