El boom de Ozempic desata una ola de robos en farmacias y camiones de distribución en Brasil
El auge de Ozempic como tratamiento para la pérdida de peso ha generado una crisis inesperada en Brasil: una ola de robos y ataques a farmacias y camiones de distribución. El medicamento, cuyo costo varía entre 120 y 190 dólares por caja, se ha convertido en un bien de lujo para muchos brasileños, mientras bandas criminales han encontrado en su comercialización ilegal una fuente de ingresos. Según datos de la Policía de São Paulo, los asaltos relacionados con estos fármacos han crecido de un solo caso en 2022 a 39 en 2024, mostrando una alarmante tendencia.
Los farmacéuticos han comenzado a tomar medidas extremas para evitar los robos. En las zonas más afectadas de São Paulo, algunas farmacias han optado por retirar el medicamento de sus estantes o contratar seguridad privada. Si alguien me pregunta por Ozempic, les digo que no lo tenemos, explicó Wilson Martins, gerente de una tienda en el oeste de la ciudad, quien mantiene un machete detrás del mostrador en caso de emergencias. Sin embargo, esto no ha impedido que los delincuentes busquen nuevas estrategias, como el asalto a camiones de distribución o fraudes en aplicaciones de entrega.
La explosión de la demanda de Ozempic no solo responde a necesidades médicas, sino también a la influencia de figuras públicas en redes sociales. Celebridades como Luiza Possi y Wesley Safadão han promovido el medicamento, aumentando su popularidad y, con ello, su valor en el mercado negro. Esta situación ha agravado el problema de acceso a tratamientos para la obesidad en Brasil, donde el 24% de los adultos en grandes ciudades sufren esta condición, pero no pueden costear el medicamento.
A mediano plazo, se espera que la introducción de versiones genéricas de Ozempic en 2026 reduzca los costos y, con ello, la rentabilidad de estos robos. Sin embargo, hasta entonces, las farmacias y la policía se enfrentan a un dilema complejo: cómo garantizar la seguridad de estos medicamentos sin alimentar el creciente mercado ilegal. Mientras tanto, el crimen organizado sigue aprovechando la desesperación de quienes buscan una solución rápida para perder peso, convirtiendo a Ozempic en el nuevo oro líquido de la delincuencia en Brasil.
Más allá de los delitos, esta crisis pone en evidencia un problema más profundo: la presión social por alcanzar ciertos estándares de belleza a cualquier costo. El furor por Ozempic no solo expone las desigualdades económicas en el acceso a tratamientos médicos, sino que también desafía el discurso del body positive y refuerza la gordofobia en la sociedad. La desesperación por encajar en estos cánones ha llevado a algunos a arriesgarse al mercado negro y al crimen, lo que plantea una pregunta inquietante: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar por cumplir con un ideal de cuerpo impuesto?