TRADICIÓN CENTENARIA

El Cuerpo de Bomberos de Mendoza celebró su aniversario: 118 años de valor y servicio

Fue fundado en 1907. Vocación, sacrificio y compromiso definen a la fuerza que desde 1907 protege la vida y los bienes de los mendocinos. Entre sus integrantes, la historia de Estela Tello Miranda refleja la entrega y el espíritu de compañerismo que distinguen a los bomberos provinciales.

El 26 de octubre se conmemoró un nuevo aniversario de la creación del Cuerpo de Bomberos de la Policía de Mendoza, una institución que desde hace 118 años simboliza el espíritu de servicio, entrega y sacrificio al cuidado de la comunidad.

Fundado en 1907, el cuerpo ha evolucionado de forma constante, incorporando nuevas tecnologías, equipamiento especializado y formación profesional, sin perder nunca su esencia: la vocación de servicio.

A lo largo de su historia, los bomberos mendocinos han enfrentado incendios forestales, siniestros urbanos, rescates y emergencias de gran magnitud, siempre bajo una misma premisa: proteger la vida y los bienes de los ciudadanos. Cada intervención refleja una tradición centenaria sustentada en el valor, la disciplina y el trabajo en equipo, pilares que consolidan su prestigio institucional.

 

Entre las voces que representan esa entrega se encuentra la de la Auxiliar 2ª Estela Edith Tello Miranda, quien lleva quince años de servicio en la Dirección de Bomberos y pertenece a una familia marcada por esta vocación. “Mi papá fue bombero y desde chica lo acompañábamos al cuartel. Se vivía un espíritu de compañerismo muy lindo”, recuerda. Años después, junto a su hermana Delia —también integrante del cuerpo en Tupungato—, ingresó al primer curso de bomberos dictado en el Instituto Universitario de Seguridad Pública (IUSP).

Su trayectoria está atravesada por innumerables operativos y experiencias que ponen a prueba tanto la preparación técnica como la fortaleza emocional. Uno de los episodios más significativos ocurrió durante un incendio en la feria de Guaymallén, cuando un portón metálico cayó sobre ella mientras combatía las llamas.

 

Sentí el golpe y perdí el conocimiento. Cuando desperté, mis compañeros ya me estaban sacando. Gracias al equipo de protección y a ellos, hoy puedo contarlo”, relata. Lejos de hacerla desistir, aquel hecho reforzó su sentido de pertenencia: “Mis compañeros se quemaron las manos al levantar el portón para rescatarme. Eso es ser bombero”.

También recuerda otros momentos imborrables: el rescate de una niña con vida en un edificio en llamas y la dolorosa intervención en la que debió retirar a un bebé sin vida de un vehículo. “Hay situaciones duras, pero tratamos de compensarlas con las buenas. Cada vida salvada nos da fuerza para seguir”, expresa.

Hoy, con orgullo, Estela observa cómo una nueva generación continúa el legado familiar: su sobrina acaba de inscribirse para comenzar el curso de bomberos. “Esto es una vocación que se transmite. Requiere amor, sacrificio y trabajo en equipo. Si te gusta, hay que seguir adelante y capacitarse siempre”, asegura.

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