MADRUGADA DE TERROR

El terremoto de 1985 en Mendoza: A 40 años de un sismo que transformó la historia y la arquitectura local

Cómo un evento devastador cambió para siempre la forma de construir y vivir en la provincia

El 26 de enero de 1985, Mendoza fue sacudida por un terremoto que marcó un antes y un después en la historia de la provincia. A las 00:06 horas, un sismo de magnitud 6.3 en la escala de Richter conmocionó a los mendocinos, dejando a su paso una mezcla de miedo, pérdidas materiales y una transformación irreversible en la manera en que la provincia entiende la construcción y la seguridad sísmica.

Imágenes de aquella noche fatal 

Lo sucedido aquella noche

En plena madrugada de verano, los habitantes de Mendoza fueron sorprendidos por un movimiento telúrico que tuvo su epicentro en la falla de Barrancas, en el departamento de Maipú . Aunque la magnitud no fue la más alta registrada en la historia de la provincia, su intensidad se sintió con fuerza debido a la proximidad del epicentro y a las condiciones del suelo urbano.

El sismo causó daños significativos en barrios enteros, especialmente en las zonas más antiguas de la ciudad de Mendoza, como la Cuarta Sección, y en localidades como Godoy Cruz y Las Heras. Numerosos edificios se derrumbaron o sufrieron daños estructurales severos, dejando un saldo de 6 muertos, más de 200 heridos y cientos de familias desplazadas. Los cortes de luz y agua agravaron la situación, mientras que las calles se llenaron de escombros y pánico.

Lecciones aprendidas: un cambio en la forma de construir

El terremoto de 1985 expuso de manera cruda las debilidades en las técnicas de construcción de la época y la necesidad de adaptar la infraestructura a un terreno sísmicamente activo. Hasta ese momento, muchas edificaciones no contaban con medidas adecuadas para resistir movimientos telúricos. Este evento traumático aceleró la implementación de normativas sísmicas más estrictas.

En 1987, dos años después del desastre, Mendoza adoptó el Decreto 4.235/1987, que estableció criterios más rigurosos en el diseño de edificios. Desde entonces, los nuevos desarrollos inmobiliarios comenzaron a incorporar estructuras reforzadas con hormigón armado y bases antisísmicas que redujeran el riesgo de colapso. La experiencia también despertó una mayor conciencia entre los ciudadanos, quienes comenzaron a exigir seguridad en sus viviendas.

Un impacto cultural y emocional duradero

Más allá de los cambios técnicos, el terremoto dejó una huella imborrable en la memoria colectiva de los mendocinos. Para quienes vivieron aquel momento, el sonido de las paredes agrietándose, los gritos y la incertidumbre quedaron grabados como un recuerdo indeleble. Este evento también fomentó la solidaridad entre vecinos y un espíritu de comunidad que ayudó a reconstruir la provincia, no solo en términos materiales, sino también emocionales.

El legado 40 años después

Cuatro décadas más tarde, Mendoza es una provincia que ha aprendido a convivir con su realidad sísmica. La mayoría de sus edificios públicos, como hospitales, escuelas y centros cívicos, cumplen con estrictos estándares de seguridad. Sin embargo, el recuerdo del terremoto de 1985 sigue siendo una advertencia para no bajar la guardia y para continuar innovando en tecnologías de construcción y planes de evacuación.

En este aniversario, no solo se conmemoran las vidas perdidas, sino también la resiliencia de un pueblo que supo levantarse sobre los escombros y construir un futuro más seguro. El terremoto de 1985 nos enseñó que la prevención salva vidas y que, incluso en la adversidad, Mendoza tiene la capacidad de reinventarse y avanzar.