Mendoza celebra la festividad del Santo Patrono Santiago
Cada 25 de julio, Mendoza conmemora la festividad de su Santo Patrono Santiago Apóstol, una celebración que combina devoción febril, tradición popular e identidad provincial. Respaldada por la Ley Provincial N° 4.081 promulgada en 1976, la fecha constituye un feriado en toda la provincia que moviliza a miles de fieles del Gran Mendoza y de los departamentos del interior hacia el microcentro capitalino.
La historia del culto a Santiago Apóstol en tierras cuyanas se remonta a la época colonial. Designado formalmente en las actas capitulares del siglo XVI como abogado y protector de la ciudad, el imaginario popular consagró históricamente al santo como el escudo espiritual de los mendocinos ante la amenaza sísmica. La tradición oral mantiene firme la creencia de que participar en las oraciones y procesiones de este día asegura la protección de la provincia frente a los terremotos.
Los ejes principales y actividades que marcan la festividad comprenden:
Actividades religiosas en el microcentro: Las ceremonias tienen lugar en la Parroquia Santiago Apóstol y San Nicolás, ubicada sobre la Peatonal Sarmiento. La misa central de la tarde, presidida por las autoridades eclesiásticas, antecede al momento más emotivo: el paseo del estandarte y la salida de la figura del santo a las calles.
Evolución iconográfica del Santo: Durante más de cuatro siglos, la provincia veneró la talla ecuestre del "Santiago Guerrero" o "Matamoros". Sin embargo, desde 2001 encabeza las peregrinaciones la imagen del "Santiago Peregrino", una escultura de madera tallada por la religiosa Marta Morader que resalta una visión de caminante y guía espiritual.
Acontecimientos culturales y deportivos: La jornada de feriado provincial abarca además ferias gastronómicas, números artísticos en el centro mendocino y el tradicional Clásico "Santo Patrono Santiago" en el Hipódromo de Mendoza, uno de los eventos turfísticos de mayor relevancia en el calendario regional.
La conmemoración del Santo Patrono reafirma una herencia cultural que trasciende las expresiones de fe individual. Más de cuatro siglos después de los primeros festejos de la época del Cabildo, la fecha se mantiene firme como un espacio de encuentro colectivo y una de las expresiones populares más arraigadas del pueblo mendocino.