Adiós al plazo fijo: a dónde va ahora la plata
En un contexto donde el IPC semanal proyecta para julio un aumento mensual del 1,6%, el Gobierno de Javier Milei profundizó su estrategia de absorción monetaria. Mientras tanto, las tasas explotaron en el mercado y los inversores buscan refugios más rentables ante el retiro del Banco Central como actor central.
Hasta hace poco, dejar dinero líquido en apps como Naranja X, Ualá o Mercado Pago era sinónimo de rendimiento fácil y disponibilidad inmediata, pero el giro del ministro de Economía, Luis Caputo, modificó de raíz ese paradigma. Con tasas diarias que llegan al 0,13%, el mercado entró en una nueva dinámica y ya no hay rendimientos asegurados sin pensar en alternativas superadoras.
Las cuentas remuneradas, que durante años fueron la vedette de los pequeños ahorristas, quedaron desdibujadas. La baja tasa que ofrecen tras el torniquete monetario no alcanza a compensar su facilidad de uso.
El ajuste aplicado por el equipo económico, que llevó las tasas del 30% al 26-27% TNA, y la eliminación de las Letras Fiscales de Liquidez (LEFI), provocaron una migración generalizada hacia instrumentos más flexibles y con mayor rendimiento real.
Según el último informe de Criteria, la desaparición de las LEFI, sumada a una política monetaria restrictiva, redujo la oferta de pesos y eliminó la referencia que tradicionalmente ordenaba el mercado.
Con el BCRA dejando de lado la tasa objetivo, la liquidez pasó a ser un bien escaso. En ese escenario, los inversores sofisticados se volcaron con fuerza a la caución bursátil, que comenzó a rendir casi el doble que una colocación bancaria tradicional.
Hasta el 17 de julio de 2025, la tasa de caución se analizaba en función de la señal del BCRA. Pero tras el desarme de las LEFI, la caución se transformó en el nuevo termómetro de la economía argentina: si sube, hay escasez de pesos; si baja, el dinero sobra y la demanda de crédito se enfría.
Tasas liberadas, mercado real
Sin intervención directa del Banco Central ni tasas fijadas desde arriba, la caución bursátil se define a diario por la pura oferta y demanda de pesos. Llegó a rendir hasta un 120% TNA, desplazando ampliamente al plazo fijo (con rendimientos de 28% a 30%) y a las cuentas remuneradas, que no superan el 27% TNA.
El atractivo de este instrumento reside en tres pilares: tasa alta, liquidez en 24 horas y un riesgo casi nulo.
La caución es, en esencia, un préstamo a muy corto plazo entre inversores. Quien presta pesos lo hace por una tasa pactada en el día y recibe como garantía títulos públicos o privados, lo que reduce el riesgo de impago prácticamente a cero. Al día siguiente, el inversor recupera su capital más los intereses.
Este dinamismo dejó al plazo fijo en una posición desventajosa: tasas más bajas, inmovilidad por 30 días y falta de flexibilidad para actuar ante cambios en el mercado.
Otras opciones, pero menos líquidas
También existen instrumentos como las Lecap, que ofrecen tasas atractivas (algunas llegaron a rendir un 62%) y se consolidan como herramienta válida para perfiles más técnicos. Sin embargo, demandan compromisos de entre 15 y 90 días, y al considerar comisiones del orden del 0,5%, ese rendimiento puede caer hasta un 42% real.
La nueva lógica del mercado está marcada por la liberación de tasas, la falta de anclas del BCRA, y la búsqueda de alternativas con agilidad y rentabilidad real. En ese tablero, la caución bursátil se posiciona como la gran ganadora del reordenamiento financiero en marcha.