DIVISAS

El agro, entre la caída de precios, la presión cambiaria y el fantasma de nuevos aranceles

Pese a que el complejo sojero sigue siendo la principal fuente de divisas, el sector enfrenta menores cotizaciones, retenciones altas, incertidumbre política y tensiones internacionales que amenazan la campaña 25/26.

La derrota del oficialismo en Buenos Aires encendió nuevas alertas en el sector agroindustrial, que observa con inquietud el impacto del salto del dólar sobre precios e inversiones. El complejo granario, que hasta agosto generó más de 21 mil millones de dólares en exportaciones, continúa siendo el principal sostén del ingreso de divisas, pero enfrenta un escenario cada vez más desafiante.

En el plano productivo, la campaña 25/26 comenzó con mejores reservas hídricas tras las lluvias de fines de agosto, lo que mejora las perspectivas de rendimiento en unas 41 millones de hectáreas. Sin embargo, la proyección de menos de 50 millones de toneladas de soja marca un retroceso frente a los más de 60 millones que se cosechaban hace una década.

 

A la baja en los precios internacionales de la soja, el aceite y la harina —en niveles mínimos de los últimos 25 años— se suman los derechos de exportación del 26%, las altas tasas de interés y la capacidad ociosa de la industria aceitera, que debió recurrir a importaciones temporarias de poroto desde Brasil y Paraguay para sostener la molienda.

En paralelo, el frente externo agrega más presión. Estados Unidos avanza con subsidios a los biocombustibles que saturan el mercado global de harina de soja, al tiempo que impulsa negociaciones bilaterales en Asia que podrían desplazar las exportaciones argentinas. La posibilidad de mayores aranceles amenaza directamente al principal generador de divisas del país.

La combinación de incertidumbre política interna, costos altos y riesgo geopolítico limita las inversiones y mantiene en vilo al agro, que ya destina entre 300 y 350 dólares por hectárea en la nueva campaña, sin certezas sobre el valor de la próxima cosecha.

La discusión sobre una eventual reducción de retenciones al 20% vuelve a instalarse en la agenda como única salida para incentivar la siembra y recomponer la competitividad del complejo sojero.