La guerra en Medio Oriente desató una caída récord en la producción de petróleo
La Agencia Internacional de la Energía registró en marzo un derrumbe sin precedentes en la producción de petróleo, con una baja de 10,1 millones de barriles diarios como consecuencia directa del conflicto en Medio Oriente. El recorte acumulado desde fines de febrero ya supera los 360 millones de barriles, lo que refleja la magnitud de la interrupción en el suministro.
En paralelo, el organismo ajustó a la baja sus proyecciones de consumo mundial. La incertidumbre generada por la crisis y las dificultades para garantizar el flujo de crudo obligaron a revisar las estimaciones, anticipando un escenario de menor demanda energética a lo largo del año.
De acuerdo con el análisis, si la situación comienza a normalizarse en los próximos meses, la caída del consumo podría moderarse. Pero si las restricciones continúan, el retroceso sería mucho más profundo y podría acercarse a los niveles registrados durante la pandemia, con un fuerte impacto en la actividad económica global.
Las perspectivas a corto plazo tampoco son alentadoras. Desde la entidad señalaron que abril podría mostrar cifras aún más críticas, ya que el mercado dejará de contar con reservas previas al conflicto, lo que tensiona aún más la oferta disponible.
El informe pone el foco en el estrecho de Ormuz, cuya interrupción se convirtió en el principal factor de la crisis. La situación no solo afecta al petróleo y al gas, sino que también compromete otros insumos clave, generando presión sobre los precios y alimentando riesgos inflacionarios a nivel internacional.