En medio de una escalada internacional marcada por el bloqueo en el estrecho de Ormuz, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió reactivar las negociaciones con Irán para intentar avanzar en un acuerdo que limite su programa nuclear.
El nuevo intento diplomático surge tras el fracaso de las conversaciones en Islamabad y bajo la presión de países como Pakistán, Turquía y Omán, que impulsaron la necesidad de retomar el diálogo ante el impacto global de la crisis. Tanto Washington como Teherán enfrentan costos económicos y políticos por el conflicto, especialmente por la suba de los combustibles y su efecto en la economía mundial.

Las negociaciones se desarrollan de manera indirecta, con mediadores internacionales, y aún no tienen sede definida. Sin embargo, el principal obstáculo sigue siendo el plazo para el enriquecimiento de uranio. Mientras Estados Unidos exige postergar ese proceso hasta 2046, Irán propone avanzar a partir de 2031, lo que mantiene trabadas las definiciones.
A pesar de las diferencias, el cambio de postura marca un giro en la estrategia. Hasta hace pocos días, la Casa Blanca exigía el desmantelamiento total del programa nuclear iraní, pero ahora el debate se centra en establecer límites y tiempos.
En paralelo, la tensión militar sigue en aumento. Irán desplegó recursos en el Golfo Pérsico, mientras que Estados Unidos reforzó su presencia con buques de guerra en la zona. El riesgo de un incidente bélico es una de las principales preocupaciones, ya que podría hacer caer cualquier avance diplomático.
Desde Washington aseguran que existe voluntad de acuerdo. “Quieren negociar a toda costa”, afirmó Trump, en referencia a los contactos recientes. La posibilidad de una nueva ronda de diálogo dependerá de lograr consensos mínimos que permitan encauzar una crisis que ya impacta en la economía global.



