Mercado laboral con luces y sombras: menos desempleo, más precariedad
Los últimos datos oficiales del mercado de trabajo muestran una baja en el desempleo durante el tercer trimestre de 2025, pero detrás de esa mejora estadística se esconde un panorama más complejo. La recuperación del empleo estuvo impulsada, en gran medida, por puestos informales, de baja estabilidad y menores ingresos, lo que deja poco margen para el optimismo.
Si bien durante el período analizado se crearon nuevos puestos de trabajo, la mejora no se tradujo en un fortalecimiento de la calidad laboral. Por el contrario, el proceso estuvo marcado por una creciente precarización, con una expansión del trabajo informal y del empleo por cuenta propia como principal vía de inserción.
La tasa de empleo se ubicó en 45,4%, con una suba interanual de 0,4 puntos porcentuales, mientras que la desocupación descendió al 6,6%, lo que representó una caída de 0,3 puntos frente al mismo período del año anterior. En términos desestacionalizados, el desempleo retrocedió aún más respecto del segundo trimestre, en un contexto de crecimiento moderado de la actividad económica.
Sin embargo, la mejora fue principalmente cuantitativa. La informalidad avanzó y pasó del 42,6% al 43,3% de los ocupados en la comparación interanual. De hecho, la mayor parte de los nuevos empleos generados se concentró en segmentos de menor calidad, lo que explica por qué la baja del desempleo no se reflejó en mejores condiciones laborales.
El aumento del empleo informal no fue homogéneo. Entre los asalariados, la informalidad se mantuvo estable, sin mostrar avances ni retrocesos significativos. En cambio, entre los trabajadores independientes, como monotributistas y autónomos, la precarización se profundizó, consolidando a este grupo como el más afectado por la falta de protección laboral y estabilidad.
El análisis por edades también revela limitaciones en la mejora observada. La caída del desempleo juvenil se explicó, en buena medida, por una reducción de la participación en el mercado de trabajo más que por una mayor creación de empleo. Esto sugiere que muchos jóvenes dejaron de buscar trabajo ante la escasez de oportunidades atractivas, en un contexto donde siguen siendo los más expuestos a la informalidad.
En el otro extremo, los jefes y jefas de hogar enfrentaron un escenario más delicado. En este grupo aumentó la participación laboral, pero el crecimiento del empleo fue insuficiente para absorber a quienes salieron a buscar trabajo, lo que derivó en un leve aumento del desempleo. Dada su menor capacidad para retirarse del mercado laboral, el riesgo es una mayor aceptación de empleos informales o inestables.
Las diferencias regionales también profundizan el diagnóstico dispar del mercado laboral. En los grandes centros urbanos, la tasa de desocupación se mantuvo por encima del promedio nacional, mientras que en los aglomerados más pequeños fue sensiblemente menor. A nivel regional, solo algunas zonas mostraron mejoras, mientras que otras registraron subas del desempleo.
En conjunto, los datos reflejan un mercado laboral que logra absorber trabajadores, pero lo hace mayormente a través de empleos frágiles y sin protección. La baja del desempleo, en este contexto, convive con una expansión de la informalidad que limita la recuperación del ingreso y la estabilidad de los hogares.