CONFLICTO ENERGÉTICO GLOBAL

Trump aprovecha el exceso global de crudo para presionar a las petroleras rusas

Estados Unidos sancionó a Rosneft y Lukoil apoyándose en una sobreoferta de petróleo que le permite asumir el riesgo sobre precios.

El mercado mundial de petróleo atraviesa un momento de sobreoferta que situó a Estados Unidos en una posición ventajosa para endurecer su política energética contra Rusia. Con reservas abundantes y precios deprimidos, la administración de Donald Trump decidió imponer sanciones contra las dos mayores petroleras rusas: Rosneft y Lukoil.

El Departamento del Tesoro sostuvo que el objetivo de la medida es debilitar el fondo de guerra de Vladimir Putin y forzar a Moscú a una negociación con respecto al conflicto en Ucrania. La decisión marca un cambio notable frente a la cautela de administraciones previas, que evitaron sancionar directamente a compañías energéticas por temor a subir demasiado los precios internacionales del crudo.

Un dato clave: la Agencia Internacional de Energía (AIE) proyecta un exceso de oferta de 3,2 millones de barriles diarios desde este mes hasta junio de 2026. Esa holgura en el mercado global le da margen a Washington para actuar sin correr el riesgo de una escalada en el precio del barril.

El precio del crudo Brent, por ejemplo, cayó recientemente a niveles mínimos de cinco meses —alrededor de 60 dólares—, lo que representa una caída de casi 20 dólares respecto al promedio durante la presidencia de Joe Biden.

 

Expertos como Jason Bordoff, del Center on Global Energy Policy, apuntan que cuando los inventarios energéticos están amplios, es más viable para Estados Unidos aplicar sanciones severas sin que sus consecuencias internas sean tan dañinas.

Según Scott Sheffield, veterano del rubro, si el barril estuviera cotizando en 80 dólares, Trump no habría adoptado esta decisión. Pero el contexto de precios bajos permitió optar por medidas económicas antes que militares.

En paralelo, se espera que la Casa Blanca implemente sanciones secundarias contra bancos chinos e indios que faciliten operaciones energéticas con Rusia, presionando sobre su acceso al dólar. Esto forma parte de una estrategia más amplia, coordinada con aliados europeos, para aislar económicamente a Moscú en el ámbito energético.

Trump también ha contado con el respaldo estratégico de aliados en el Golfo. Su relación con Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait le habría permitido coordinar ajustes en la producción de petróleo para mantener la presión sobre los precios y reducir los ingresos rusos por exportaciones.

Mientras tanto, la OPEP+ comenzó a aumentar su producción desde abril, en línea con pedidos estadounidenses para “enfriar” el precio del crudo. Este movimiento contribuyó a la caída de los precios globales, dando soporte a la estrategia sancionatoria contra Rusia.

La decisión representa una apuesta arriesgada: el éxito dependerá de que el mercado de crudo siga bajo presión y de que Estados Unidos logre articular sanciones eficaces sin provocar una escalada energética global.