"Supergirl" arribó a los cines argentinos rodeada de críticas dispares para la nueva era de DC
El circuito de las superproducciones cinematográficas de ciencia ficción, los universos extendidos de los grandes estudios de Hollywood y las salas de exhibición comercial que renovaron su grilla en todo el Gran Mendoza articularon uno de los lanzamientos más masivos e importantes del año para el sector del entretenimiento, consolidando una propuesta que buscó romper con los moldes tradicionales de las historias de justicieros espaciales. Este jueves 25 de junio llegó formalmente a las pantallas de Argentina el largometraje Supergirl, la ambiciosa apuesta dirigida por Craig Gillespie que marcó el puntapié inicial para la reestructuración integral de la firma DC Studios. La producción, que ya desató un intenso debate en las comunidades de cinéfilos locales, generó una recepción marcadamente dividida entre los principales analistas internacionales tras su primer día en cartelera.
La trama argumental de esta ficción cinematográfica (basada de forma directa en una aclamada miniserie gráfica de Tom King) sumergió a las audiencias en un poético y hostil itinerario que dejó de lado la habitual luminosidad o el optimismo propio de las narrativas de su primo Superman. El libreto siguió los pasos de Kara Zor-El, personaje que en la piel de la actriz Milly Alcock transitó una infancia traumática en un fragmento sobreviviente de Krypton, presenciando la muerte de todo su entorno antes de encallar en la Tierra. A partir de esa premisa de supervivencia extrema, el guion la transformó en una heroína arisca, reticente y de marcada dureza psicológica, que debió lidiar con las amenazas del villano Krem de las Colinas Amarillas (Matthias Schoenaerts) y los cruces con el mercenario intergaláctico Lobo, interpretado por el reconocido Jason Momoa.
La divulgación de las bitácoras especializadas dejó en evidencia un escenario de opiniones contrapuestas que reveló el agotamiento actual del género entre los especialistas. Medios norteamericanos de gran tirada como USA Today y Collider celebraron la osadía de la propuesta, describiéndola como una cinta de venganza que renovó los tópicos gastados del cómic tradicional y que consolidó la viabilidad de la franquicia bajo la producción de James Gunn. En la vereda opuesta, portales históricos de la industria del cine como Variety y The Hollywood Reporter fueron categóricos al calificarla como un producto distópico e insulso que quedó atrapado en piloto automático, coincidiendo casi todas las líneas críticas en que el único y verdadero sostén del metraje estuvo en el magnetismo y la frescura interpretativa de Alcock.