CAMBIOS EN LA VITIVINICULTURA

Traslados de vino: qué cambia con la nueva normativa del INV

Se reemplaza el Certificado de Tránsito por un esquema digital que agiliza los despachos y reduce costos, mientras el receptor del envío tiene 30 días para objetar.

El Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) eliminó el Certificado de Tránsito (CT) como requisito formal para el traslado de vinos y mosto, reemplazándolo por un nuevo esquema digital de comunicación de datos. La medida, publicada en el Boletín Oficial, busca agilizar trámites y modernizar el control sobre los movimientos de productos vitivinícolas.

Qué deja de exigirse y qué debe informarse

Hasta ahora, el Certificado de Tránsito funcionaba como documento físico obligatorio, acompañando la mercadería y certificando legalmente su origen, destino, estado y condiciones. Con la nueva normativa, ese requisito queda derogado.

En su lugar, quienes realicen traslados deberán informar al INV:

Volumen del producto.

Estado del producto (vino, mosto, etc.).

Si el producto está homogeneizado.

Datos analíticos: grado alcohólico y porcentaje de azúcar.

El cambio implica un giro hacia controles más digitales y focalizados, dejando atrás el tradicional “carnet de viaje” del producto.

instituto nacional de vitivinicultura

Plazos y objeciones: 30 días para aceptar envíos

Otra modificación clave es que el receptor del envío tendrá un plazo de 30 días para manifestar objeciones sobre los datos informados o el estado del producto. Si no se formula ninguna observación dentro de ese período, el envío se considerará aceptado automáticamente.

Antes, cualquier disconformidad podía generar revisiones, devoluciones o intervenciones administrativas prolongadas. Ahora, la ausencia de respuesta implica aceptación tácita, lo que obliga a los destinatarios a reforzar sus controles internos y estar atentos a los plazos.

Implicancias para bodegas y operadores

Para bodegas, cooperativas y otros operadores del sector, la eliminación del CT representa una reducción de trámites y costos, además de agilizar despachos y la administración logística.

La nueva normativa marca un paso hacia la digitalización y simplificación de los controles en la vitivinicultura, sustituyendo un mecanismo tradicional por un sistema más ágil basado en la comunicación de datos y plazos claros. Ahora resta observar cómo se implementará en la práctica y si efectivamente reducirá la burocracia sin comprometer la fiscalización del sector.