Petróleo en llamas: la guerra en Medio Oriente redefine los mercados y desafía la economía argentina
La escalada bélica en Medio Oriente volvió a instalar incertidumbre en los mercados internacionales y reconfiguró las expectativas económicas globales. En ese contexto, el economista Gabriel Caamaño advirtió que el fuerte salto en el precio del petróleo introduce un nuevo shock externo sobre la economía mundial, con impacto directo en la inflación, las decisiones de política monetaria y la dinámica de los mercados financieros.
Según explicó el analista, el principal interrogante que enfrentan hoy los inversores globales es determinar si el aumento del crudo responde a un fenómeno transitorio o si se trata de un movimiento con mayor persistencia en el tiempo. Estamos terminando de ver si estamos ante un shock con cierto nivel de permanencia, señaló.
El economista subrayó que el petróleo ocupa un rol central en la economía global debido a su influencia directa sobre la logística, el transporte y los costos productivos. Cuando se producen saltos tan rápidos y significativos en el precio del petróleo, lo que ocurre es una retracción de la curva de oferta, afirmó en declaraciones radiales.
En ese marco, el mercado financiero internacional viene reaccionando con alta volatilidad frente a cada señal política o militar vinculada al conflicto. Cuando el mercado cree que la guerra se intensifica, los activos globales caen. Cuando aparece la expectativa de negociación o desescalada, los precios se recuperan, describió.
Uno de los puntos más sensibles del escenario es la situación en el Estrecho de Ormuz, un paso estratégico por donde circula una porción clave del petróleo mundial. La persistencia de tensiones geopolíticas en esa zona alimenta el temor a interrupciones en el comercio energético y presiona al alza los precios internacionales del crudo.
En pocos días, el valor del Brent crude oil registró subas abruptas. Los precios pasaron de 60 dólares a más de 100 en el caso del Brent, explicó Caamaño. Y remarcó la velocidad del movimiento: Son aumentos cercanos al 100% en apenas una semana.
Este escenario ya comenzó a alterar las expectativas de política monetaria en las principales economías. El economista señaló que en Estados Unidos y Europa se revisaron las proyecciones sobre las tasas de interés. Hace pocas semanas se discutía si habría tres bajas de tasas en Estados Unidos y ahora estamos discutiendo si directamente no habrá bajas, explicó. En Europa, incluso comenzó a debatirse la posibilidad de subas de tasas ante el potencial impacto inflacionario del petróleo.
La incertidumbre también alcanzó a los activos refugio que suelen utilizar los inversores en contextos de crisis. Tanto el Gold como los US Treasury bonds mostraron movimientos inesperados en las últimas semanas.
Según detalló Caamaño, el oro venía impulsado por la expectativa de bajas de tasas y por una fuerte apuesta especulativa. Sin embargo, ante pérdidas en algunos fondos de inversión y la necesidad de cubrir rescates de inversores, se produjo una liquidación de posiciones que presionó los precios a la baja.
En el plano doméstico, el economista destacó que el principal factor que permitió iniciar el proceso de desinflación en Argentina fue el cambio en la política fiscal impulsado por el gobierno de Javier Milei. El cambio de régimen fiscal fue fundamental y es una de las mejores decisiones económicas que tomó la administración, sostuvo.
De acuerdo con su análisis, el equilibrio fiscal permitió modificar las expectativas económicas y comenzar a reducir la inflación, que partía de niveles extremadamente altos.
No obstante, Caamaño advirtió que avanzar en la desinflación únicamente con política fiscal puede tener costos significativos en términos de actividad económica. Desinflar solo con ajuste fiscal te va a salir muy caro en nivel de actividad, señaló.
A su entender, el problema central radica en la ausencia de un régimen monetario claro que acompañe la estrategia fiscal. El gobierno no armó un régimen monetario definido, explicó, lo que deja a la política fiscal prácticamente como la única herramienta de estabilización macroeconómica.
Ese esquema limita la capacidad de respuesta frente a shocks externos como el actual aumento del precio del petróleo y complica la posibilidad de impulsar una reactivación económica.
En paralelo, el economista describió un escenario interno con actividad debilitada. Según indicó, el consumo continúa afectado y los ingresos reales todavía no logran recuperarse plenamente. Es una economía pesada por el lado de la actividad, afirmó.
En este contexto, consideró que el Gobierno busca aprovechar un calendario político sin elecciones para avanzar en correcciones estructurales pendientes. Este año debería aprovecharse para ajustar muchos precios relativos, explicó, en referencia principalmente a las tarifas de servicios públicos y a la revisión de subsidios energéticos.
De acuerdo con su diagnóstico, el proceso de estabilización económica sigue en marcha, pero enfrenta ahora un escenario internacional más incierto y una economía doméstica aún frágil.
Cuando entrás en un régimen de inflación más baja, bajar cada punto cuesta cada vez más, concluyó.