Alertan por un aumento del consumo de drogas en Mendoza: crece el uso de cocaína fumada y baja la edad de inicio
El consumo de drogas en Mendoza atraviesa un escenario de creciente preocupación para el sistema de salud. Aunque las estadísticas oficiales tardan en reflejar los cambios que ocurren en las calles, hospitales, guardias y centros especializados registran un aumento de las consultas vinculadas a consumos problemáticos y advierten sobre nuevas modalidades que generan daños más severos.
Uno de los principales focos de alerta es el crecimiento del consumo de cocaína fumada, una variante que comenzó a aparecer con mayor frecuencia en las guardias hospitalarias y en los dispositivos de atención de adicciones. Según los especialistas, esta forma de consumo produce efectos más intensos e inmediatos, pero también acelera el deterioro físico y favorece una dependencia más rápida.
Más consumidores y una edad de inicio cada vez menor
Los profesionales sostienen que, si bien el orden de las sustancias más consumidas se mantiene —con el alcohol, el tabaco, la marihuana y la cocaína a la cabeza—, lo que cambió en los últimos años es la cantidad de personas que consumen.
La mayor concentración de usuarios continúa ubicándose entre los 25 y 40 años, aunque la principal preocupación está puesta en los adolescentes. En Mendoza se observa un descenso sostenido en la edad de inicio del consumo, que en muchos casos comienza entre los 11 y los 13 años, tanto con sustancias legales como ilegales.
Los especialistas advierten que el inicio temprano incrementa considerablemente los riesgos para la salud mental, ya que el cerebro todavía se encuentra en desarrollo. Esto favorece la aparición de consumos compulsivos y dificulta los tratamientos, además de aumentar las probabilidades de sufrir trastornos psicológicos en la adultez.
Por qué preocupa la cocaína fumada
La expansión de la cocaína fumada representa uno de los fenómenos más inquietantes detectados por el sistema sanitario provincial.
A diferencia de la cocaína inhalada, esta modalidad genera un efecto casi inmediato, aunque de menor duración. Esa característica impulsa al consumidor a repetir las dosis en períodos muy cortos, favoreciendo una rápida pérdida del control sobre el consumo.
Además, médicos y especialistas advierten que esta variante provoca un deterioro orgánico mucho más acelerado, con daños severos que pueden manifestarse en cuestión de meses, cuando otras sustancias tardan años en generar consecuencias similares.
Otro factor que explica su crecimiento es la amplia oferta disponible en el mercado ilegal. Existen versiones adulteradas o mezcladas con otras sustancias que reducen el costo, aunque también circulan variantes de mayor pureza y precio, lo que demuestra que este tipo de consumo atraviesa distintos sectores sociales.
Las sustancias más consumidas entre los adolescentes
Los estudios más recientes sobre estudiantes secundarios muestran que las sustancias legales siguen encabezando el consumo juvenil.
El alcohol continúa siendo la droga más utilizada entre los adolescentes, seguido por las bebidas energizantes, los vapeadores y el tabaco.
Entre las sustancias ilegales, la marihuana ocupa el primer lugar. Detrás aparecen la cocaína, los tranquilizantes, los inhalantes, el éxtasis, la pasta base, los alucinógenos, las anfetaminas y la ketamina.
Los relevamientos también evidencian un crecimiento en el consumo de medicamentos tranquilizantes y estimulantes, tanto con receta médica como sin ella, un fenómeno que preocupa especialmente por su vínculo con cuadros de ansiedad, estrés y problemas de salud mental.
Las consecuencias van más allá de la salud
Los especialistas remarcan que los consumos problemáticos no solo producen daños físicos y psicológicos. Con el avance de la adicción también aparecen dificultades para sostener vínculos familiares, laborales y sociales.
El aislamiento, el abandono de actividades cotidianas, el incumplimiento de responsabilidades y la pérdida progresiva del control sobre la conducta suelen ser algunas de las consecuencias más frecuentes.
En muchos casos, el pedido de ayuda llega cuando el deterioro ya es evidente, ya sea porque la propia persona reconoce el problema o porque su entorno detecta cambios profundos en su comportamiento.
Mientras tanto, desde el sistema de salud advierten que las nuevas modalidades de consumo evolucionan con mayor rapidez que las estadísticas oficiales, por lo que consideran fundamental fortalecer las políticas de prevención, especialmente entre niños y adolescentes.