El Alerce Abuelo será protegido con un plan científico especial en la Patagonia
En las profundidades de la Patagonia argentina se conserva uno de los testimonios biológicos más antiguos del planeta. Se trata del Alerce Abuelo, un ejemplar de la especie Fitzroya cupressoides con una edad certificada de 2.630 años, lo que lo posiciona como el árbol más longevo del territorio nacional y el segundo más antiguo de la Tierra. Para resguardar su supervivencia frente a los riesgos del cambio climático y la erosión del terreno, un equipo interdisciplinario de científicos y autoridades del Parque Nacional Los Alerces puso en marcha un plan integral de conservación de alta precisión.
El milenario espécimen habita en un sector delimitado como área intangible dentro del parque nacional en la provincia de Chubut, un territorio distinguido como Patrimonio Mundial por la UNESCO. Debido a la extrema fragilidad del suelo y del sistema radicular de estos gigantes andino-patagónicos, el acceso al público general se encuentra estrictamente restringido. Los especialistas señalan que el pisotón repetido o la cercanía masiva de visitantes altera la humedad de la tierra y compacta las capas superficiales donde el árbol absorbe sus nutrientes esenciales.
El esquema de preservación diseñado por los investigadores abarca distintos ejes técnicos para asegurar la longevidad del ecosistema:
Monitoreo sanitario continuo: Control permanente de la densidad del follaje, estado de la corteza y respuesta climática mediante sensores no invasivos instalados en la periferia.
Regulación de accesos: Protocolos de circulación científica mínimos para evitar el pisoteo del suelo y la alteración de la microfauna circundante.
Protección del entorno forestal: Monitoreo del bosque nativo que rodea al ejemplar, entendiendo que el equilibrio microclimático del conjunto es indispensable para la salud del espécimen principal.
Archivo ambiental: Estudio de los anillos de crecimiento como registros históricos para reconstruir las variaciones de temperatura y precipitaciones de los últimos dos milenios en el hemisferio sur.
La puesta en valor y preservación de este patrimonio viviente busca garantizar que el archivo climático que contiene el Alerce Abuelo continúe aportando datos clave a la ciencia internacional, al tiempo que resguarda un ecosistema nativo único en el mapa ambiental de la región.