El corazón productivo argentino en terapia intensiva: pymes cierran y el consumo se desploma
Las pymes —motor del 70% del empleo privado argentino— atraviesan una de sus peores etapas. Desde fines del año pasado, más de 16.000 empresas bajaron la persiana y se perdieron más de 300.000 puestos de trabajo formales.
El impacto se siente con fuerza en el conurbano bonaerense, donde fábricas, talleres y comercios resisten como pueden una caída sostenida del consumo y una suba constante de costos.
El mercado interno, apagado
La combinación de inflación persistente, servicios dolarizados y pérdida del poder adquisitivo hundió la demanda interna.
Según datos del Frente Productivo Nacional y cámaras empresarias:
En el último año cerraron unas 16.500 pymes.
Se destruyeron 300.000 empleos registrados.
Las ventas minoristas del sector cayeron 10% interanual en 2024.
Las tasas de financiamiento superan la rentabilidad promedio de cualquier pyme industrial o comercial.
Mientras el Gobierno insiste en mostrar señales de rebote técnico, en el territorio la microeconomía sigue paralizada: las máquinas se apagan y los turnos se reducen.
Sin crédito, sin consumo, sin margen
El principal reclamo de los empresarios es la falta de acceso al crédito.
Las tasas resultan prohibitivas, las líneas de financiamiento no llegan y los programas productivos se diluyen entre la burocracia.
La situación se agrava con la apertura importadora: productos terminados del exterior ingresan a precios imposibles de igualar, golpeando de lleno a sectores como el textil, el calzado, la metalmecánica y la alimentación.