Más trabajo para ganar menos: la paradoja del mercado laboral
En medio del debate por la reforma laboral que el Gobierno nacional busca aprobar en el Senado, el mercado de trabajo ya muestra señales concretas de flexibilización. La extensión de la jornada laboral alcanzó niveles inéditos, no como una elección sino como una necesidad frente a la pérdida sostenida del poder adquisitivo.
En los últimos años, el salario privado formal perdió alrededor de una quinta parte de su capacidad de compra. En este contexto, cada vez más trabajadores se ven obligados a sumar horas para sostener los ingresos familiares. La contracara de esta dinámica es un deterioro en las condiciones de vida: se trabaja más, pero aun así no alcanza.
Crecimiento sin empleo
El modelo económico actual exhibe una paradoja. La actividad económica cerró 2025 con un crecimiento del 4,4%. Sin embargo, ese rebote no se tradujo en más empleo registrado.
Los sectores que impulsaron la expansión —agro, minería e intermediación financiera— son actividades de baja intensidad en mano de obra. Mientras tanto, los motores tradicionales del empleo formal —industria y construcción— continúan en retroceso.
Desde el inicio de la actual gestión se perdieron más de 190.000 puestos privados registrados y cerraron más de 20.000 empresas en la mayoría de las jurisdicciones del país.
A la par, crece la precarización: más de seis millones de personas trabajan sin protección laboral, aumenta el pluriempleo y se multiplican las jornadas extendidas para cubrir el costo de la canasta básica.
Vivir para trabajar (y que tampoco alcance)
Un dato reciente refleja con claridad la situación: las horas trabajadas alcanzaron un máximo histórico. En comparación con 2024, el promedio semanal aumentó 3,5 horas (9%), impulsado principalmente por la ocupación principal.
El incremento de la tasa de actividad, la mayor búsqueda de horas adicionales y la extensión efectiva de la jornada responden a una misma causa: la caída de los ingresos laborales en un contexto de tarifas en alza y menor ingreso disponible.
La desigualdad también se profundiza. La brecha salarial por hora trabajada alcanzó un máximo: los varones perciben en promedio 9,4% más que las mujeres. La caída del salario público —que perdió más de un tercio de su poder adquisitivo desde el cambio de gestión— impacta con mayor fuerza en las mujeres, con mayor presencia en el sector estatal y en áreas especialmente afectadas como educación y salud.
Salarios en retroceso
Entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025, el salario privado registrado cayó en términos reales, tanto con la medición oficial como con estimaciones actualizadas. En el sector público nacional, la caída fue aún más pronunciada: más del 34% de pérdida de poder adquisitivo.
Si se compara con 2017, un trabajador privado formal perdió alrededor del 20% de su poder de compra, mientras que en el empleo público la contracción asciende al 34%.
En términos acumulados, un empleado privado perdió el equivalente a 16 salarios mensuales de 2017; un empleado público, 21 salarios; y un trabajador informal, 29 salarios.
Reforma laboral: institucionalizar la tendencia
En este escenario, la reforma laboral tendría efectos concretos sobre la organización del trabajo. Entre sus puntos centrales se destaca la creación de un banco de horas, que reemplazaría el pago tradicional de horas extras y permitiría extender la jornada hasta 12 horas diarias.
También se modificarían los criterios de indemnización, se habilitaría su pago en cuotas, se facilitaría el fraccionamiento de vacaciones y se consolidaría la contratación vía monotributo.
Lejos de revertir la tendencia, la reforma aparece como la formalización de una realidad ya instalada: jornadas más extensas para compensar salarios más bajos.