Por qué hay más pesos en la calle y qué impacto tiene en la reactivación económica
El mapa de la liquidez en la economía argentina muestra las primeras señales de cambio tras un largo período de fuerte contracción. Luego de seis meses consecutivos de caídas, el dinero circulante en poder del público y los depósitos a la vista registraron un repunte durante mayo. El fenómeno marca un punto de inflexión en la cantidad de billetes que circulan en el mercado informal y en las cuentas bancarias cotidianas.
Este comportamiento quedó reflejado en el comportamiento de los medios de pago tradicionales —medidos a través del M2 privado transaccional—, que experimentaron una expansión real del 2,4% mensual. Si bien este aumento del circulante suele asociarse en la jerga financiera con una incipiente recuperación del nivel de actividad o con la estacionalidad positiva del bimestre, los analistas advierten que la falta de acompañamiento del crédito siembra dudas sobre la firmeza de la reactivación.
La fuga de los plazos fijos hacia las cuentas a la vista
De acuerdo con los datos analizados por los especialistas, el incremento de los pesos en la calle no responde únicamente a una mayor demanda transaccional por reactivación, sino a un desarme de carteras de inversión minoristas y corporativas.
Plazos fijos en baja: Los depósitos a plazo fijo del sector privado retrocedieron un 0,5% real en mayo respecto de abril.
El efecto tasa: Esta contracción estuvo motorizada por la agresiva política de reducción de tasas de interés instrumentada por la autoridad monetaria, la cual ubicó los rendimientos de los plazos fijos tradicionales en torno al 19% nominal anual, empujando a los ahorristas a migrar sus fondos hacia cajas de ahorro y cuentas corrientes de libre disponibilidad.
Peso de la economía informal: Los analistas sectoriales señalan, además, que el incremento del dinero físico responde a estrategias comerciales dentro del circuito informal, donde los comercios minoristas exigen billetes para mejorar sus márgenes de rentabilidad y eludir la presión impositiva.
El Banco Central y el único motor de emisión
A pesar del mayor apuro del público por demandar billetes, el sesgo contractivo del programa monetario general se mantiene firme. El Informe Monetario Mensual emitido por el Banco Central (BCRA) reveló que la base monetaria se contrajo un 2,8% real en mayo, acumulando un retroceso del 8,6% en lo que va del año 2026.
El único factor de expansión que inyectó pesos al sistema fue la agresiva compra de divisas que realiza el organismo en el mercado de cambios, la cual ascendió a u$s 2601 millones en el mes. No obstante, el impacto emisor de esta acumulación de reservas fue esterilizado casi en su totalidad por el propio BCRA mediante operaciones de mercado y contratos de pases (repos), sumado a la absorción de liquidez que ejecutó el Tesoro Nacional a través de sus licitaciones de deuda.
El crédito al consumo no arranca por el peso de la morosidad
El dato más complejo que expone el informe oficial es que la mayor circulación de pesos no logra traducirse en financiamiento para los hogares. Los préstamos en pesos otorgados al sector privado sufrieron una nueva contracción real del 0,2% mensual, manteniendo su participación sobre el PBI en un magro 9,1% (un ratio que se eleva al 12% si se incorporan las líneas en moneda extranjera).
La parálisis financiera se concentra con fuerza en las herramientas de consumo familiar, afectadas de forma directa por el incremento de la morosidad en bancos y fintech. Las compras financiadas mediante tarjetas de crédito sufrieron una caída real del 2,8% interanual y un retroceso del 1,2% en la medición mensual.
La contracara positiva estuvo radicada en el financiamiento corporativo: los créditos comerciales treparon un 1,1% mensual traccionados por los documentos a sola firma (+3,2%). En la misma línea, los créditos hipotecarios registraron un avance del 0,2% en mayo y un salto interanual del 80,1%, impulsados exclusivamente por el dinamismo de las nuevas líneas UVA, consolidándose como el único segmento de largo plazo que logra esquivar el estancamiento general.