PRECIOS

Ventas en caída y más promociones: así se reconfigura el consumo en plena crisis

Empresarios alertan por la caída de ventas y un cambio profundo en los hábitos: crecen los productos premium y los más baratos, mientras el consumo masivo sigue deprimido.

El consumo en Argentina atraviesa una transformación marcada por la crisis económica. Lejos de una recuperación homogénea, lo que se consolida es un escenario dual: mientras algunos productos de alta gama logran sostenerse, y otros muy económicos ganan terreno, el grueso del consumo masivo continúa en retroceso.

En distintos sectores, empresarios comenzaron a manifestar su preocupación por el rumbo económico y su impacto en las ventas. La combinación de apertura de importaciones, pérdida de poder adquisitivo y cambios en los hábitos de compra está redefiniendo el mercado.

En el rubro textil y de calzado, las empresas debieron adaptarse a un contexto cambiante, con menor producción local y mayor competencia externa. A la par, en consumo masivo, las compañías observan una fuerte reconfiguración del comportamiento de los clientes.

caida del consumo

Uno de los fenómenos más notorios es la polarización del consumo. Por un lado, existe un segmento que mantiene capacidad de gasto y opta por productos premium. Por otro, una mayoría que recorta gastos y prioriza opciones más económicas.

Este patrón se replica en distintos rubros. En alimentos, por ejemplo, conviven la caída en productos básicos con el crecimiento de otros más sofisticados. En paralelo, los consumidores comparan precios, buscan promociones y prueban nuevas marcas.

Los datos reflejan esta tendencia. En marzo, el consumo registró una caída interanual del 5,1%, con retrocesos en todos los canales de venta tradicionales. La única excepción fue el comercio electrónico, que continúa en expansión.

El monto promedio de compra también evidencia el deterioro: el ticket en comercios de cercanía ronda los $10.000, lo que refleja compras más pequeñas y planificadas. La lógica de consumo impulsivo pierde terreno frente a decisiones más racionales y cuidadosas.

A esto se suma una mayor presencia de productos importados, que en algunos sectores ya representan entre el 30% y el 40% de la oferta. La competencia se intensifica y obliga a las empresas a ajustar precios, lanzar promociones y diversificar su oferta.

De hecho, se estima que cerca de la mitad de las ventas se realizan bajo algún tipo de descuento, lo que muestra la dificultad para sostener niveles de demanda sin incentivos.

En este contexto, el consumo deja de ser un motor dinámico de la economía y pasa a depender cada vez más de factores como la evolución de los salarios, la estabilidad de precios y el dinero disponible.

La situación plantea un desafío para el entramado productivo: adaptarse a un consumidor más cauteloso, con menor poder adquisitivo y hábitos de compra en transformación, en un escenario donde la recuperación aún no logra consolidarse.