Graciela pone play en la pantalla de su celular y viaja hasta esa otra realidad que ahora se reproduce en el video. En las imágenes del último Año Nuevo en familia, ella ríe y baila junto a Fernando Báez Sosa, su hijo. Él la hace dar vueltas hasta que los dos se marean. Se escucha una carcajada y la voz de Fernando: “Para el otro lado, mamá”. Lo pone una y otra vez, todavía siente su mano, su abrazo, su olor y ese “mamá”. Acaricia la pantalla y le responde con un “mi amor”. Después sonríe y al final llora. “Sigo adelante por él, no le gustaba verme mal, pero estoy muerta en vida”, dice la madre del chico de 18 años asesinado a golpes por una patota de rugbiers a la salida de un boliche en Villa Gesell.
“Fernando es”. Así empiezan muchas de sus frases. Cuando lo nombra en presente y vuelve a los días felices, previos a la madrugada del 18 de enero, parece recuperar la paz. Son instantes, pasan rápido y la desesperación por su ausencia la invade de nuevo.
“En la semana, cuando tenía que ir a la facultad, le costaba despertarse y había que insistirle, pero los sábados, que tenía fútbol, siempre arrancaba temprano”, se acuerda Graciela. “Le encantaba jugar, era defensor, hincha de Boca. Hizo orientación vocacional antes de inclinarse por el Derecho. Otra opción era convertirse en profesor de Educación Física”, sigue y muestra más fotos de Fernando, ahora en plena cancha pateando una pelota.
“Tan lindo, tan bueno, mi hijo no se merecía lo que le hicieron”, se lamenta en voz alta. Cuenta que era muy solidario, que en invierno recorría el barrio de Caballito entregando platos de comida caliente a las personas en situación de calle y que siempre estaba rodeado de amigos. “Cuando puedas, dame un turno”, le decía Graciela en chiste. “Vos me tenés siempre, mamá”, contestaba Fernando.
Hacía poco que había empezado a trabajar desde la casa y con la computadora en un proyecto publicitario. “Así juntó su platita, con la que reservó el hostel de Gesell”, asegura. Y dice que le iba bien en la facultad: “Cuando terminó el CBC y aprobó todo, le empecé a decir Fernando Burlando, él quería ser un abogado exitoso. Nunca imaginé que iba a conocer al verdadero Burlando en una situación así”.
Los 13 objetivos de Fernando
La habitación de Fernando se mantiene tal cual la dejó el día que viajó junto a sus amigos a Villa Gesell. Graciela entra ahí cuando puede, cuando necesita recordar. Así, en uno de los cajones, mezclado entre la ropa, encontró un papel escrito a mano por su hijo. Una hoja blanca algo arrugada con trece ítems que él mismo había pensado como un modelo a seguir, un proyecto para su vida.El papel escrito por Fernando que encontró su mamá Graciela.
1) Participar del proyecto “Servir” (un plan solidario en el que se ayuda a reacondicionar las instalaciones de escuelas públicas en diferentes puntos humildes de la provincia de Buenos Aires)
2) Afianzar mi grupo de amigos y mantenerlo
?3) Siempre ser como soy con todos. Mostrarme como soy.
4) Madurar con mi decisión universitaria ?
?5) Terminar el secundario como me hubiera gustado.
6) Seguir con la carrera y que me vaya bien
7) Viajar
8) Aprender a concentrarme más
9) Ahorrar
10) Dejar el celular
11) Apagar la computadora y la tele
12) Estudiar
?13) Viernes de caridad
Fuente: Diario Clarín
