La inteligencia artificial dejó de ser solo una herramienta tecnológica para transformarse en un interlocutor cotidiano de millones de chicos adolescentes y adultos jóvenes. Un informe de Common Sense Media reveló que uno de cada tres prefiere conversar con chatbots antes que con personas reales. Esto marca un cambio profundo en la manera de construir relaciones y buscar apoyo emocional.
Lejos de limitarse a resolver dudas técnicas o brindar información, los bots de IA se han convertido en acompañantes de juegos de rol, charlas románticas y contención psicológica, consolidando lo que los expertos ya denominan “intimidad artificial”.

Apoyo, compañía y riesgos en la “nueva amistad digital”
Según el relevamiento, más de la mitad de los jóvenes consultados ya interactuó con un chatbot alguna vez, y cerca de un tercio reconoció que la experiencia resulta tan satisfactoria -o incluso más- que hablar con personas cercanas.
Los avances tecnológicos potencian esta percepción: los sistemas de IA actuales cuentan con memoria, personalización y capacidad de sostener diálogos largos, que generan una sensación de cercanía y confianza que puede derivar en vínculos afectivos intensos.

Sin embargo, los especialistas advierten sobre los riesgos: respuestas inapropiadas, consejos dañinos, falta de límites claros y refuerzo de la dependencia emocional o la soledad. Incluso se han registrado casos judicializados en Estados Unidos, donde se relacionó la interacción con bots con episodios de autolesiones.

“Relaciones parasociales” y desafíos para las familias
La psicoterapeuta Marni Feuerman describió estas interacciones como “relaciones parasociales”: parecen cercanas, pero carecen de reciprocidad y compromiso. Investigaciones del MIT Media Lab detectaron que los adolescentes con mayor apego a la IA suelen experimentar más soledad y dependencia emocional, lo que afecta el desarrollo de vínculos humanos saludables.
Para los expertos, el reto no está en prohibir la tecnología, sino en acompañar a los jóvenes en su uso, estableciendo límites, fomentando la autonomía emocional y generando conciencia sobre las diferencias entre un vínculo real y una relación digital simulada.



