El alga parda Undaria pinnatifida, originaria del este de Asia, fue detectada por primera vez en la Patagonia argentina en 1992, en el Golfo Nuevo. Desde entonces, ha colonizado extensas áreas costeras que se extienden desde Mar del Plata, en Buenos Aires, hasta Puerto Deseado, en Santa Cruz.
Con hojas largas y ramificadas, esta especie puede crecer sobre luces, piedras y estructuras artificiales, absorbiendo nutrientes del agua y capturando energía del sol. Su expansión se vincula al comercio marítimo global, llegando como espora en embarcaciones o a través de la acuicultura.
Los expertos advierten que Undaria puede alterar la estructura natural de los ecosistemas y desplazar otras especies de algas, afectando la biodiversidad y la cadena alimentaria marina.

Científicos argentinos y españoles aplicaron inteligencia artificial y tecnología acústica para mapear la presencia de Undaria en grandes extensiones del Mar Argentino. El estudio se realizó en el Golfo Nuevo, utilizando un ecosonda Simrad EK80 que lanzó señales acústicas al fondo marino y permitió recolectar información sobre altura y densidad del alga.
Como validación, buzos y cámaras GoPro documentaron la presencia real de Undaria, entrenando los algoritmos de IA para identificar los patrones característicos de la especie. La tecnología detectó el alga entre 5 y 10 metros de profundidad, con una precisión que llegó hasta el 95% al combinar múltiples frecuencias e intensidades.
Los resultados permitieron crear mapas claros de la distribución de Undaria, aunque los científicos advierten limitaciones en zonas profundas o con aguas turbias, así como dificultades para diferenciarla de otras algas cuando es dominante.
Según los investigadores, la cosecha sustentable sería la única opción viable para mitigar el impacto ambiental de Undaria. Además, plantean su industrialización para la producción de wakame, un alga comestible muy valorada, y la extracción de compuestos como fucoidanos, fucoxantina, polifenoles y fitosteroles, con aplicaciones en salud.

“Los resultados demuestran que la combinación de ecosondas de banda ancha e inteligencia artificial es muy prometedora para extensiones costeras grandes y puede aplicarse a otras especies en el futuro”, indicó la investigadora Dellatorre, resaltando la utilidad práctica para autoridades ambientales y portuarias.
