El día jueves 31 de julio fue una de las jornadas más variadas del BAFICI Itinerante Mendoza, con funciones desde las 18 hasta pasada la medianoche en las salas del Cine Universidad, en la Nave UNCuyo. Entre los títulos proyectados, se destacaron especialmente la Selección de Cortos Nacionales 1 y el largometraje Gatillero, de Cris Tapia Marchiori, una propuesta que desbordó energía, crudeza y técnica.

Cortos nacionales: cine desde lo íntimo y lo artesanal
La función de las 18 h reunió tres cortos nacionales. Dos de ellos dejaron una impresión fuerte por su tono, su temática y su tratamiento.
Este no es tiempo para carnaval, dirigido por Tadeo Pestaña Caro y Kevin Havas, un corto que, en sus 23 minutos, se erige como un homenaje a la cinefilia del día a día, la que se construye en el "boca a boca". La historia de un vendedor de películas pirata en Salta se enreda con una serie de personajes extraños y situaciones "de película", demostrando que el cine, en esencia, habita en la vida cotidiana y en sus detalles más inesperados.
Por otro lado, "Gloria", de Santi Castelo, fue una de las propuestas más emotivas de la jornada. El cortometraje narra la historia de una ex vedette que, mientras se enfrenta a la inminente partida de su hijo con quien convive, intenta reinventarse como actriz dramática. La acción transcurre en un departamento que funciona como un mausoleo de su glorioso pasado. Lo más destacable es la actuación superlativa de Andrea Frigerio, quien interpreta a Gloria con una presencia magnética, combinando humor, orgullo y una profunda vulnerabilidad. El conflicto principal se establece desde el inicio, pero la fuerza del relato reside en la construcción de su personaje: un ser tan fascinante que genera el deseo de querer seguir viéndolo más allá de los minutos del corto. La relación madre-hijo está brillantemente plasmada, mostrando a dos personas que anhelan comprensión pero no consiguen conectar. El final conmovió a toda la sala, demostrando cómo el arte puede dar forma a lo indecible y ayudarnos a transitar los cambios de la vida.

Gatillero: una película física, asfixiante y decidida
A las 20.30 h en la Sala Verde, se proyectó Gatillero, de Cris Tapia Marchiori. El film propone un relato vertiginoso y de alto impacto: un ex sicario acepta un trabajo menor para su antigua jefa, pero en un barrio dominado por la corrupción nada es lo que parece. Pronto queda atrapado en una cadena de eventos impredecibles. La película es un thriller en movimiento, rodada en plano secuencia, sin cortes aparentes, con un gran despliegue físico, técnico y actoral.
Una vez finalizada la proyección, parte del equipo técnico subió al frente de la sala. El asistente de dirección, Lautaro Perin, compartió detalles del rodaje: “Sabíamos que en cámara podían pasar cosas que excedían nuestro control, hay planos que recorren 700 metros del barrio sin cortar. Entonces, por supuesto que aunque filmamos de noche, había cosas que no podíamos controlar”. Contó que el director se inspiró en su propia experiencia: “Cristian cuenta que esta historia está basada en lo que imaginó que podría haber sido la vida de un amigo que él tenía, si no lo hubiera matado la policía”.
También habló del protagonista: “Él fue el protagonista desde que se empezó a escribir la película. Él y el director son muy amigos, a los dos les gusta mucho el cine de acción, son fisicoculturistas, entrenan, tiran tiros. Me hicieron darme cuenta de lo mucho que a mí me gusta el cine de acción. Dejé de menospreciar el género a partir de laburarlo y de rodearme de este amor que ellos sentían”.

La preproducción duró un mes, pero el rodaje se concretó en apenas nueve días. Y ese vértigo se traduce también en pantalla: Gatillero es una película ágil, por momentos asfixiante. El protagonista sostiene el relato con un compromiso físico admirable. Quizás su punto más débil sea cierta tendencia al subrayado, una voluntad de decir algo sobre la realidad que a veces desborda su deseo de entretener. Como leí en una reseña, hay una asimetría entre la dedicación formal y el retrato de la comunidad, que puede sentirse algo estigmatizante. Pero más allá de eso, es un film que no se parece a nada del cine argentino reciente, y que demuestra un gran potencial narrativo y visual, abriendo un camino interesante para futuras producciones. El BAFICI Itinerante finalizó el domingo 2 de agosto, cerrando una edición que incluyó una amplia programación de funciones, actividades especiales y una feria cultural.



