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Balada para un loco: A 10 años de la partida de Horacio Ferrer, el poeta del tango

Un repaso por la vida y obra del letrista que reinventó el lenguaje del tango junto a Astor Piazzolla.

Balada para un loco: A 10 años de la partida de Horacio Ferrer, el poeta del tango

Han pasado 10 años desde que Horacio Ferrer dejó este mundo el 21 de diciembre de 2014. Poeta, dramaturgo y letrista, Ferrer no solo fue un innovador del tango sino también un puente entre la tradición y la modernidad de este género que define la identidad rioplatense. Con su voz pausada y su pluma mágica, nos legó un universo poético que todavía resuena en cada acorde de bandoneón.

Nacido en Montevideo, Uruguay, en 1933, Ferrer creció rodeado de libros y melodías. Desde niño, mostró talento para la creación artística. Su padre, un historiador apasionado, le inculcó el rigor del conocimiento, mientras que su tío materno lo introdujo al mundo del tango. Esa combinación de disciplina y bohemia marcaría para siempre su vida y obra.

Fue en los años '60 cuando Ferrer llegó a Buenos Aires y su destino se cruzó con el de Astor Piazzolla, el revolucionario del tango. Juntos, formaron una dupla que transformó el género. "Balada para un loco", estrenada en 1969, marcó un antes y un después en la música popular. Su frase inicial, "ya sé que estoy piantao", es hoy parte del imaginario colectivo, y su audaz mezcla de recitado y canto abrió nuevas puertas para la canción rioplatense.

Además de "Balada para un loco", Ferrer fue el autor de clásicos como "Chiquilín de Bachín" y "La bicicleta blanca". En sus letras, el tango dejó de ser solo melancolía para convertirse también en un mundo de sueños y fantasías. Ferrer inventaba palabras, jugaba con el ritmo y creaba imágenes únicas. Su poesía era, en sus propias palabras, "música que habla".

Uno de los hitos de su carrera fue la creación de María de Buenos Aires junto a Piazzolla en 1968. Esta operita, pionera en su género, deslumbró al público con su mezcla de tango, teatro y poesía. A través de la figura de María, Ferrer encapsuló el espíritu de Buenos Aires, con su misticismo, su dolor y su belleza.

Ferrer y Piazzolla
Ferrer y Piazzolla

A lo largo de su vida, Ferrer fue más que un poeta del tango. Fundó la Academia Nacional del Tango en 1990, un espacio dedicado a preservar y difundir este género en el mundo. También tuvo tiempo para colaborar con otros grandes de la música, como Horacio Salgán, con quien compuso el Oratorio a Carlos Gardel.

En sus últimos años, Ferrer siguió recitando, escribiendo y soñando. Nunca dejó de creer en el poder transformador de la palabra y la música. "El tango es un estado del alma", decía, y ese estado sigue vivo en cada verso que nos dejó. Hoy, en este décimo aniversario de su fallecimiento, recordamos a Horacio Ferrer no solo como un poeta, sino como un visionario que supo darle al tango un nuevo lenguaje. Su legado es eterno, tanto como los sueños de sus personajes piantados y los acordes de su amado bandoneón.

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