La escena musical mendocina atraviesa un momento de expansión creativa, pero también de tensiones estructurales que afectan especialmente a los proyectos independientes. En ese contexto, la artista Llanca Berjeli —cantante, compositora y referente emergente de la provincia— , en diálogo con Diario Mendoza, pone en palabras una realidad que atraviesa a gran parte de las músicas locales: la autogestión como punto de partida inevitable.
“Una comienza siendo la gestora de todo. Gestionás el proyecto siendo productora, encargada de marketing, compositora y quien contacta productores musicales”, explica Berjeli, al describir el recorrido inicial de los proyectos solistas. En ese esquema, señala, la figura de manager o equipo de apoyo aparece recién en etapas posteriores, cuando el trabajo ya ha sido sostenido durante años en soledad.
Su mirada expone una dinámica habitual en la escena independiente: la multiplicidad de roles que asumen las artistas para poder sostener sus proyectos. “Si no, sos tu propia productora musical”, resume.

Una escena potente, pero poco visibilizada
Más allá de las dificultades, Berjeli destaca el potencial artístico de Mendoza. En su experiencia, el circuito local concentra una diversidad creativa que muchas veces no logra trascender hacia el público masivo.
“Me he sorprendido de la cantidad de gente increíble que hay en el ambiente, no solo musical sino también teatral y dancístico”, sostiene. Sin embargo, advierte que esa riqueza convive con una falta de visibilidad estructural: “El público mendocino es complicado, suele gustarle más lo que viene de afuera”.
La artista apunta además a un problema histórico en la programación de eventos: la ubicación de los proyectos locales en horarios marginales. “Te ponen a las cuatro de la tarde y el artista principal a la noche. Es una oportunidad, pero no conecta con todo el público”, describe.

Entre costos altos y pocos espacios
Las dificultades económicas también forman parte del diagnóstico. Según Berjeli, los altos costos de salas, la dificultad para acceder a fechas y la baja inversión en difusión complejizan el desarrollo de proyectos emergentes.
“Vas a un lugar y te piden muchos requisitos o alquileres muy altos. Desde lo emergente es muy difícil”, señala. A esto se suma, según su mirada, la complejidad del consumo cultural: entradas, publicidad y producción terminan siendo barreras constantes.

Mujeres, disidencias y un cambio pendiente
Uno de los ejes más fuertes de su reflexión apunta a la desigualdad de género dentro de la música. Berjeli integra una agrupación de mujeres y disidencias desde la cual se discuten estas problemáticas de forma colectiva.
“¿Dónde están las mujeres músicas, instrumentistas, sonidistas, fotógrafas?”, plantea. Y cuestiona la persistencia de una lógica que asocia ciertos roles técnicos a lo masculino.
También critica la necesidad de leyes de cupo para garantizar presencia femenina en festivales: “Es loquísimo haber tenido que crear una ley para que se den cuenta”. En ese sentido, señala que todavía existen prejuicios que limitan la percepción del rol de las mujeres en la música, especialmente en géneros como el rock.

Identidad en construcción constante
En cuanto a su identidad artística, Berjeli la define como un proceso en permanente transformación. Con formación en teatro musical, danza y canto, su búsqueda se centra en lo emocional y lo performático.
“Creo que la identidad la sigo creando todos los días. Es algo que muta”, afirma. Su propuesta se sostiene en la sensibilidad y en la intención de generar experiencias intensas en el público.
Me moviliza poder conectar con esos sentimientos que nos cuesta expresar. Si una persona conecta con una canción que escribí, ya hice mi trabajo
Finalmente, la artista define su motor creativo en la conexión emocional. Sus canciones buscan habilitar espacios de catarsis colectiva a través de emociones profundas como la tristeza, la nostalgia o la angustia.
