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Mito

Leonardo Favio, una ternura histórica

A 84 años de su nacimiento y 10 de su partida, ¿hablar de Favio es hablar de cómo nos vinculamos sentimentalmente con las cosas? Testimonios de tres jóvenes de la comunidad cinematográfica sobre las implicancias de una figura ineludible de la historia de nuestra cultura.

leonardo favio

Un 28 de mayo, hace 84 años, nacía en un pueblo del interior de Mendoza llamado Las Catitas Juan Jorge Jury Olivera. Durante los siguientes 74 años viviría como cantante y actor primero, director de cine después, artista e interventor político siempre. Leonardo Favio fue el nombre que adoptó para desplegar su carrera, nombre que trazó un antes y un después en la historia de la cultura argentina.

Se anunciaron en Avellaneda una serie de actividades que se realizarán a lo largo del 2022, declarándolo un año de homenaje a Leonardo Favio, de cuya muerte se cumple en noviembre una década.  Entre estas actividades, se destacan la proyección de sus películas en 35 mm durante el mes de julio en el Cine Gaumont, el homenaje a realizarse en el Centro Cultural Kirchner de la mano de la Orquesta Sinfónica de Avellaneda, la emisión por Canal Encuentro de un documental realizado a partir de su archivo y el despliegue del Festival Simplemente una Rosa con sede en Avellaneda durante el mes de octubre, basado en su cancionero popular.
 

"Nazareno Cruz y el lobo".

Es innegable que la obra de Leonardo Favio en todas sus facetas es un verdadero tesoro de la historia del arte argentino. Como cantante, fue exponente de una época dorada para la industria discográfica nacional, un popular intérprete de canciones, con proyección latinoamericana, que llegó a vender 45.000 discos por día. Como cineasta creó películas que se ubican en la cúspide de las obras maestras de nuestro cine, no sólo para la crítica especializada o el ojo académico -que en ocasiones ha seleccionado Crónica de un niño solo (1965), su primer largometraje, como la mejor película de la historia del cine argentino-, sino también para el público masivo: Nazareno Cruz y el lobo (1975) fue durante muchísimos años la película más taquillera de nuestra historia.

Esos son los datos, los hechos concretos, los números que podrían señalar sintéticamente a Leonardo Favio como una parada obligatoria en el tren de la cultura argentina. Pero poca justicia le hacen a las implicancias de su figura.

Cuando me propuse escribir esta nota pensé que la mejor forma de hacerle honor a ese lugar tan central y a la vez tan poco reivindicado durante un largo tiempo, era hacer circular voces de sujetos de la comunidad audiovisual en sus nuevas generaciones, que pudieran ilustrar de qué forma la figura de Favio es ineludible para pensar desde el campo de lo cinematográfico y cómo es imposible sumergirse en el mundo del cine sin toparse -tarde o temprano- con el arrasador impacto emocional de sus películas.

Lautaro Garcia Candela (27 años) es fundador y editor de la revista de cine La vida útil y está por estrenar su segunda película, titulada "Cambio cambio".  Me cuenta que su primer acercamiento a Favio fue a través de su abuela.

“Hablaba con pasión de él, lo consideraba un intelectual. Y creo que eso me marcó, porque hoy me parecen igual de importantes sus películas que sus intervenciones políticas. Él encontró una forma de hacer política, estética, de hacer arte que no excluye la ternura. La ternura que él ponía en los boleros cuando cantaba se puede ver en todas sus películas y no está exenta de las vicisitudes del país, de la pobreza, del desamparo. Creo que ese acercamiento emocional lo hace un intelectual que transforma la ternura en un método. Y creo que esa es una enseñanza que como jóvenes cineastas no hemos entendido del todo. Porque los personajes de Favio son torpes, tontos, con muchas fallas, pero esas fallas no eran juzgadas por su mirada, sino aceptadas como tales”.

 

"La ternura que él ponía en los boleros cuando cantaba se puede ver en todas sus películas".LAUTARO GARCÏA CANDELA



Para Lucía Requejo (26 años), que escribe sobre cine en Revista Encuadra, organiza ciclos con la revista y es docente de estudios visuales, la fuerza de la obra de Favio también está en su afectividad y su relación con el sentimiento de lo popular: “ Dicen que Favio decía 'a mí van a encontrarme siempre en lo emotivo'. Más o menos eso fue lo que me atrapó la primera vez que ví sus películas: la emoción, la afectividad por lo que se quiere contar. Juan Moreira, Nazareno Cruz o Gatica cuentan historias de magia y épica, pero donde la magia es mito u origen y la épica es la de los pobres hombres, los que se equivocan, aman, envidian, sufren. Porque creo que a Favio la historia como 'lo que pasó' no le interesa mucho. La verdad histórica es la verdad de lo popular: las historias que nos contamos entre nosotros. Una historia de subjetividades, de sentimientos. Una especie de coro de voces que narran, eso hay para mí en las películas de Favio. Y sus películas se unen a un coro que ya estaba, que él recogió para contar, y devolver frases, escenas, planos que empiezan a formar parte de esas voces. Como cuando me encuentro tarareando la melodía de Juan Moreira (que se pasaba en los casamientos, cuenta mi mamá) o cuando salgo a la calle un día de verano y digo por lo bajo: 'Con este sol, con este día de sol…'”

Lautaro piensa que las nuevas generaciones tienen una pregunta que perseguir en esa ternura por el pueblo, sus grandezas y sus faltas. Ve en esa ternura lo que le permitió a Favio asociar la historia a los momentos de contracultura y elegir, en pleno fervor camporista, reivindicar la figura de un renegado como lo era Juan Moreira o, más tarde, narrar al peronismo desde una figura periférica a su cosmología, Gatica.

 

Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedo trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas mas…

Esta torsión que reubica el centro del sentido histórico en el territorio de lo sentimental, de lo afectivo, está vehiculizado por un lenguaje cinematográfico que se aleja de los cánones narrativos tradicionales:  “Para mí esa es la gran enseñanza de Favio y su gran enigma: cómo logró ser tan popular siendo tan particular. Cómo logró conectar con el pueblo, por vía de las armas del pueblo, tomando sus mitos, los imaginarios populares, la cultura oral, y cruzandolo todo eso con un lenguaje personal. Favio fue central, pero siendo lateral. Hizo la película más vista de la historia del cine argentino, y es una película rarísima, que no tiene una linealidad narrativa, no tiene un lenguaje clásico o didáctico, sino todo lo contrario: raíz en mitología popular y una forma de filmar absolutamente personal. Ahora las plataformas o el cine más comercial toman la mitología popular, pero llevándola a un lenguaje estandarizado.”

 

Telam SE
 

La rareza de lo sentimental, que a la vez es popular y sumamente personal también marcó la entrada de Favio en el panorama de Paloma Coscia de Luque (26 años), guionista y directora del cortometraje CUARTO B y de Televisión contra las violencias, serie documental en etapa de postproducción, ganadora del concurso Renacer Audiovisual.

“Mi primera aproximación al cine de Favio tiene que ver con una suerte de cruce de umbral entre el cine infantil, y al cine de autor propiamente dicho”, dice Paloma. “Con mi papá teníamos un ritual: ir religiosamente al cine del Abasto a ver películas infantiles. Y cuando no íbamos al cine, íbamos a videoclubs. Yo tenía un hambre bastante grande de ver películas para adultos que mi viejo, por supuesto, no me dejaba ver. Hasta que un día aprovechó ese hambre mio, y me mostró en su casa, ahí en Once, "Nazareno Cruz y el lobo". Yo me arrepentí en el acto porque la película me angustió un montón. Y también porque tenía cierto acostumbramiento a los dispositivos típicos del cine clásico de Hollywood, que se veían plasmados en las películas infantiles, y de repente no sólo no me estaban mostrando una película infantil, sino que me estaban mostrando un dispositivo autoral y con la idiosincrasia que caracteriza a Favio, que encuentro difícil de describir. Yo esperaba un final feliz y no lo tuve, pero tuve una leyenda preciosa. Después me enteré que la primera canción que me cantaron cuando nací fue la de la película. Ese primer hito infantil es bastante fundacional. Las películas de Favio las fui viendo de a poco. "El dependiente" me marcó muchísimo por ese montaje osado y esos tonos actorales que no estamos acostumbrados a ver. Pienso que al cine nacional, nuestra generación accede a partir del nuevo cine argentino, que tiene un tono actoral muy despojado de sentimientos. Y Favio es todo lo contrario. Él decía que no era un director de cine que hacía cine peronista, sino que era un peronista que hacía cine. Y creo que eso es importante, no olvidar que el cine también es un dispositivo que representa ideologías.”

 

"Él decía que no era un director de cine que hacía cine peronista, sino que era un peronista que hacía cine".Paloma Coscia de Luque



Favio llevó la cultura popular a codearse con lo que los libros han llamado alta cultura, aquel espacio reservado para el deleite de la burguesía. Y ese es, quizás, el gran gesto ideológico de su obra, y su más grande herencia.

“Pienso en optimismo reivindicatorio de Juan Moreira”, comenta Lautario, “que filma la pampa como si fuese un western y a la vez casi que parodia a Bergman, referente para la burguesía local, fina, sofisticada. En El séptimo sello, hay una persona que juega al ajedrez con la muerte. Favio pone a Moreira a jugar al truco con la muerte. Me parece de una irreverencia total, que el momento permitía. En el '73 era posible morir triunfante. Esa idea de esperanza triunfante, es algo que también nos falta. En las películas de Favio la idea de triunfo siempre es una idea colectiva de triunfo, y eso nos permite imaginarnos un futuro. Que un personaje termine triunfante, incluso aunque muera, nos sirve como pueblo. Y creo que si eso no sucede tanto ahora es porque las películas suelen ser más individualistas, pero sobre todo, más inteligentes. Favio se decantaba por otro tipo de acercamiento que no era el de la razón, sino el del sentir. Como cineastas, como artistas, esa es una enseñanza que no hemos aprendido del todo de él”.

 

"Gatica, el Mono"





Hay una frase del director mendocino que trascendió por su simple potencia: no se puede ser feliz en soledad. Si hay algo que las palabras aquí recolectadas testimonian, es la forma en la que la obra de Favio se inmiscuye, se desliza en nuestras vidas a través de los afectos, tendiendo puentes que nos permiten entender nuestra historia como parte de ese gran cauce, que es la historia de nuestro país. Da la sensación de que hablar de Favio es, entonces, hablar de cómo nos vinculamos sentimentalmente con las cosas, es mirar con ternura nuestra historia y tratar de señalar a dónde, en qué gestos, esa historia nos invita a sentirnos un poco más juntxs, un poco menos sólxs. Hablar de Favio es ensayar formas de arrojarnos a la conducción de nuestra sensibilidad para encontrar formas de honrar lo nuestro, de protegernos y de entendernos pueblo,y como pueblo, protagonista. A 10 años de su muerte ¿habrá, acaso, una tarea más importante que hablar de Favio?

 

Telam SE
 

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