Orlando Javier Pelichotti no se define a sí mismo como artista de nacimiento, sino como “un niño curioso”. Ese fue, según él, el verdadero punto de partida de una vida atravesada por el arte y la imaginación. Nacido en San Juan, asegura que “mi historia comenzó bajo cielos que enseñaban a soñar en grande. Allí aprendí que la imaginación es una patria inmensa, y que la infancia (si la cuidas) puede ser parte de tu ser”. Desde 1993 desarrolla su carrera como artista visual, con más de 250 exposiciones en 19 países, y combina esa faceta con su labor como reportero gráfico, docente universitario y Licenciado con Posgrado en Creatividad. Desde hace casi tres décadas se presenta también como “sembrador de ideas”, porque entiende que enseñar es acompañar a los alumnos a descubrir vivenciando, en un camino donde, como él mismo dice, “los conocimientos les llegan de una manera distinta”.

Ese espíritu es el que recorre su nuevo libro El resto del cielo, que será presentado en la Feria del Libro de Mendoza 2025. Pelichotti explica que el proyecto no nació con la intención de convertirse en un libro, sino como apuntes dispersos, frases en cuadernos gastados, pensamientos recogidos en viajes, aeropuertos, exposiciones y momentos de soledad. Durante años esos textos lo acompañaron hasta que sintió que había llegado el momento de darles forma. El resultado, asegura, es un mapa emocional de su recorrido como artista y como persona, en el que cada relato se enlaza con obras exhibidas en museos, galerías y colecciones internacionales. “Lo que queda cuando el viaje termina, cuando la obra ya se colgó, cuando uno se sienta a mirar hacia adentro y descubre que el arte, al final, también es memoria”, explica.
La fotografía, disciplina que marcó sus primeros pasos en el arte, atraviesa todo el libro, no solo en las imágenes sino en la mirada que estructura cada texto. En esas páginas conviven abstracciones, registros de Land Art, monotipias, instalaciones y óleos. La cámara ha sido para él un puente con el mundo y, al mismo tiempo, una herramienta de autoconocimiento. “Cada muestra es una conversación con el mundo que la rodea”, explica sobre su manera de entender la relación entre viaje, memoria y obra.

En los últimos años, esa conversación se amplió con una intensa agenda de viajes que lo llevó a distintos rincones de América y Europa. Recorrió estados de Venezuela, visitó Lima, participó de la Bienal de La Habana, presentó su trabajo en Costa Rica y se reencontró con Chile, además de girar por diversas provincias argentinas. En todos esos lugares encontró algo que lo transformó: “cada destino fue un capítulo vivo que se escribió dentro mío y que hoy retroalimenta lo que creo, lo que siento, lo que soy”.
Actualmente, Pelichotti también forma parte de la muestra Cartografías de huellas al corazón en el Museo Carlos Alonso, una exposición que reúne más de 200 obras de 150 artistas. Allí se exhiben dos piezas de su autoría: una fotografía intervenida sobre partituras centenarias halladas en el Vaticano y una técnica mixta sobre un antiguo plano de la Argentina. Ambas obras fueron parte de series que se mostraron en París, Roma, Panamá, Cuba, Colombia y la India. Para él, más allá de los viajes y las vitrinas, lo que importa es el diálogo íntimo que cada creación establece con quien la mira.
El presente lo encuentra con múltiples proyectos, aunque él prefiere no detenerse demasiado a pensar en balances. “Mientras esperaba en un aeropuerto en Cuba, después de un tornado, me preguntaba sobre el momento que me toca hoy. Y decidí seguir disfrutando de los pequeños momentos que la vida me regala cada día; lo demás es una yapa, y siempre se agradece”.
Su relación con el arte comenzó a los diez años, cuando descubrió la fotografía en un laboratorio de la familia Marín en San Juan. Ese contacto inicial fue revelador: entendió que crear no era copiar la realidad, sino dialogar con ella. Más tarde llegaron el grabado, la pintura y las instalaciones. Cada etapa significó, en sus palabras, aceptar que el arte lo estaba eligiendo. Por eso afirma: “el arte no me pertenece, pero yo le pertenezco a él”.
Hoy, Pelichotti concibe la creación como su manera de habitar el mundo. No distingue entre escribir, sacar fotos, pintar o enseñar, porque para él son diferentes modos de hablar un mismo idioma: el de su propio ADN. Y aunque insiste en que no busca coherencia en su obra, sí busca estar siempre “latente, jugando, probando, fallando, borrando y volviendo”. El resto del cielo será presentado en la Feria del Libro de Mendoza 2025, en el Espacio Julio Le Parc, Sala Chalo Tulián, con entrada libre y gratuita.



