La colaboración de los nombres más grandes del reggaetón colombiano, como Feid, Karol G, Maluma, J Balvin, Blessd, Ryan Castro y Ovy On The Drums, llegó con grandes expectativas bajo el título +57, en honor al prefijo telefónico de Colombia. Sin embargo, lejos de ser una celebración musical del país, el tema ha desatado una ola de críticas por su enfoque superficial y por las controvertidas líneas de su letra, que algunos consideran una apología a la sexualización de menores. La canción, que pretendía destacar la identidad colombiana, está generando una discusión sobre la responsabilidad de los artistas al abordar temas sensibles y cómo estos impactan la imagen de ciudades como Medellín.
La crítica de Rolling Stone, escrita por Martín Toro, es particularmente dura y señala que +57 perpetúa estereotipos dañinos y genera alarmas por la normalización de temas sensibles. La publicación destaca la línea cantada por Feid y Maluma, “Una mamacita desde los fourteen / Entra a la disco y se le siente el ki / Mami, estos shots yo me los doy por ti”, como uno de los momentos más preocupantes de la letra, debido a su aparente alusión a la sexualización de menores. La revista considera esta lírica un ejemplo de cómo ciertos discursos pueden perpetuar narrativas peligrosas, en vez de romper con ellas. Además, Rolling Stone lamenta que, en lugar de resaltar las virtudes culturales de Colombia, la canción refuerza clichés, como el turismo sexual en Medellín, y refleja un esfuerzo centrado únicamente en crear un tema pegajoso, sin aportar profundidad ni exploración musical.

La crítica fue aplaudida en redes por muchas personas que dicen estar cansadas de los "artistas" actuales. Un fenómeno interesante se ha estado gestando en las últimas semanas tras la crítica al nuevo disco de Duki y a la reciente canción de Nicki Nicole, quien también fue cuestionada por su imagen de "falsa gangster".
Desde hace tiempo, la música argentina, especialmente la urbana, cuenta con artistas cuyas letras solo giran en torno a dinero, sexo, fama y envidia. Como resultado, vemos una nula representación de la realidad, algo que parece estar llegando a un punto de quiebre. En algún momento, vender a cualquier costo ha dejado al arte desprovisto de sentido. La música ya no habla de nuestros tiempos, de nuestros problemas ni de nuestra cultura. No se trata de criticar lo nuevo ni de recurrir a la tan conocida frase "la música murió hace 20 años", sino de repensar y cuestionar cómo ha evolucionado el arte bajo la influencia de la globalización. Preguntarnos qué significa ser artista, cuál es el propósito de la música y por qué permitimos que personas sin responsabilidad alguna sobre los mensajes en sus canciones tengan tanta visibilidad. Este último énfasis que ha tomado la revista Rolling Stone se presenta como algo refrescante en tiempos donde parece que a nadie le importa nada. Quizás este hartazgo creciente dé lugar a una nueva ola de artistas, o al menos a una mirada más crítica al momento de reproducir sus canciones.



