En Mendoza, el 28 de febrero no necesita fuegos artificiales para hacerse escuchar. Basta con nombrarlo en un club, en una tribuna o donde alguien haya visto la pelota picar con respeto. Es el Día del Basquetbolista Mendocino, y su raíz está en una tarde que quedó clavada en la memoria: la final del Campeonato Argentino de 1959, con triunfo 73-64 sobre Córdoba en Neuquén.

Aquel título no fue un golpe de suerte ni un capítulo aislado. Detrás había cultura de clubes, entrenamiento, identidad y una provincia que vivía el básquet como costumbre firme, de las que se heredan. La delegación mendocina partió el 17 de febrero desde la sede de la Federación, con conducción dirigencial y un objetivo claro: competir con dignidad y sostener el prestigio del juego local, sin prometer milagros.

El torneo —disputado entre el 21 y el 28 de febrero en ciudades de Río Negro y Neuquén— tuvo viajes difíciles, demoras por lluvias y un recorrido deportivo sin atajos. Mendoza arrancó con victorias, sufrió una derrota ajustada y respondió cuando más valía: venció a Buenos Aires, bajó a Capital Federal en semifinales y llegó a la definición con carácter.

La final del 28 de febrero, en el Club Independiente de Neuquén y con más de 6.000 personas, fue de tensión real. Córdoba empezó mejor y llegó a sacar ventaja, pero Mendoza se sostuvo en lo que la había traído hasta ahí: orden, rebote, lectura y paciencia. Al descanso, la provincia ganaba 39-31. En el complemento, cuando aparecieron las faltas y el partido quiso ponerse resbaloso, Mendoza encontró respuestas y cerró la historia con el marcador: 73-64.

Ese plantel quedó en la historia como el equipo de oro. Con conducción técnica de Mariano “Gordo” González, integraron la selección nombres que todavía resuenan en el archivo grande del deporte provincial: Cecilio “Toro” González, Orlando Vázquez, Héctor Muñoz, Arturo “Rey Arturo” Cacciamani, José Linares, Aldo Escalante, Nelson “Pipio” Pedemonte, Luis Felipe Armendáriz, Juan Coria, Andrés Ferro, Alberto Álvarez y Carlos Segura. En el certamen, Ferro fue uno de los anotadores destacados con 103 puntos.

Con los años, los protagonistas aportaron lo que las planillas no pueden: humildad, sacrificio, viajes largos, hospedajes austeros, convivencia de grupo y festejos sencillos, de pueblo y de club. Relatos de aulas convertidas en dormitorios, un micro que se rompe en la ruta y un asado bajo la luna, o una caravana espontánea al volver a Mendoza: postales que explican que el logro fue deportivo, sí, pero también humano.

El Día del Basquetbolista Mendocino quedó oficializado cuando la Cámara de Diputados de Mendoza aprobó el proyecto —ya con media sanción del Senado provincial— y así la Legislatura de Mendoza lo convirtió en la Ley 9552, incorporando el homenaje al calendario institucional y reconociendo como origen la consagración histórica de la Selección mayor mendocina ante Córdoba en Neuquén.

Por eso esta efeméride no es una ceremonia vacía. Es un recordatorio con sentido: el básquet mendocino tuvo una cima, y esa cima se construyó con base. El homenaje, entonces, no va solo para los campeones de 1959: alcanza también a quienes sostienen el juego todos los días —jugadores y jugadoras, entrenadores, árbitros, dirigentes, familias y clubes— para que la pelota siga picando. Como siempre. Como debe ser.
FOTO: GENTILEZA MANOLO GARCES - SALTO INICIAL - EL GRAFICO
