El enfrentamiento, celebrado en el AT&T Stadium de Arlington, atrajo la atención global y consolidó a Jake Paul como una figura mediática en el deporte, mientras Mike Tyson demostró su fortaleza al completar los ocho asaltos del duelo. El resultado fue una decisión unánime de los tres jueces: 80-72, 79-73 y 79-73.

Desde el inicio del combate, Tyson mostró destellos de su técnica, conectando algunos golpes que recordaron su época de gloria. Sin embargo, con el paso de los rounds, el excampeón optó por la defensa, evitando los ataques de Paul, quien logró aterrizar golpes precisos, aunque sin conseguir derribarlo.
Al finalizar, los jueces otorgaron la victoria al joven boxeador, quien agradeció la oportunidad. “Pelear con Tyson fue un honor. Él es una leyenda”, declaró Paul, quien sumó su undécima victoria profesional.
Tyson, que usó una rodillera durante el combate, señaló que su participación no buscaba demostrar nada. “Estoy feliz de lo que pude hacer. No vine a probarle nada a nadie”, afirmó el excampeón, quien obtuvo al menos 20 millones de dólares por su actuación, mientras Paul, como promotor del evento, se llevó 40 millones. El evento, transmitido globalmente a través de Netflix, generó un inesperado revuelo en la plataforma, que reportó problemas técnicos debido al acceso masivo, incluso por vías no oficiales.

En las redes sociales, la mayoría del público se mostró descontento, calificando el evento como un "circo" más que un auténtico combate de boxeo. Muchos críticos lo consideraron una "pérdida de tiempo" y afirmaron que estaba "escenificado".
Además del combate estelar, la velada incluyó enfrentamientos preliminares que captaron el interés de los aficionados, haciendo de la noche un espectáculo inolvidable, tanto dentro como fuera del ring.



