Este 2 de abril, como cada año, se rememora a los caídos en la Guerra de Malvinas, cuando miles de jóvenes se instalaban en las Islas Malvinas para hacer frente a Inglaterra. Así se daba comienzo a un fugaz conflicto que acabó con la vida de 649 soldados argentinos y 255 británicos.
Entre las diversas historias que dejó ese fatídico acontecimiento, una de ellas es la de Omar De Felippe. El exjugador de fútbol y actual DT de Central Córdoba de Santiago del Estero, campeón de la Copa Argentina 2024, relató sus vivencias en esos últimos días en la guerra y el miedo a no volver a jugar al fútbol, en una entrevista con El Gráfico, allá por 1998.
“Lo más bravo para el grupo nuestro lo vivimos cuando faltaban dos o tres días para el final y los combates eran feroces por todas partes. Nos vinieron a buscar a la posición y nos llevaron a un galpón donde había comida, montones de comida, que allá era uno de los grandes problemas para los soldados. Y nos dejaron comer lo que quisiéramos”, comenzó De Felippe.

Y agregó “Yo me di cuenta de que era algo así como la última cena. Después nos pusieron en marcha y nos dijeron. 'Dejen todo, menos las armas, las municiones... y las cartas de sus familias'. Nunca me voy a olvidar ese momento con los muchachos, mis compañeros de toda la guerra, el cabo primero Torresin, Juan Fernández -que lo sigo viendo- y Sergio Leal, que íbamos a la primera línea. Y que no volvíamos”.
Sobre ese momento, el ahora director técnico dijo: “Cargué mi ametralladora, las balas y tres cartas. La de mi vieja, la de mi novia y la que me mandaron de Huracán. También me llevé las que recibíamos de los chicos de las escuelas, que no te conocían, pero te ayudaban tanto. Había que estar allá para entenderlo”.
“Al principio, algunos pibes se herían a propósito, para volver a casa. Cuando estaban limpiando las armas, se pegaban un tiro en un pie. Decías que se te había escapado y volvías. Cuando lo empezaron a hacer demasiados, los jefes se avivaron y dijeron, bueno, en adelante por más heridos que estén se quedan igual”.
“Yo, por supuesto, nunca lo hubiera hecho. No por guapo ni nada por el estilo, sino porque tenía la motivación puesta en volver a jugar en Huracán. No me hubiera lastimado un pie ni loco. El miedo mío era perder un miembro y no poder seguir jugando”, aseguró sobre su pasión por el fútbol.

“El fútbol me salvó la vida”
A inicios de de abril de 1982, mientras jugaba en las divisiones inferiores de Huracán, De Felippe tuvo que acudir al llamado del Ejército Argentino. A los pocos días desembarcó en Isla Soledad y, tras encontrarse con la muerte más de una vez, regresó al país recién a mediados de junio. En una Argentina completamente distinta y una sociedad diferente.
En una entrevista a La Nación, el DT dijo: “Yo tengo una frase que dice que el fútbol me salvó la vida. Tanto para la ida como para la vuelta. Para ir, porque estaba preparado de una manera especial para ganarme el día a día, el hecho de tratar de imponerme en un grupo de 30 para demostrarle a un entrenador que estaba para jugar. Entonces, en un montón de aspectos estaba activado. Para ir, eso me ayudó. Pero más me ayudó cuando volví. Porque una vez que nos dejaron en la plaza y había que reinsertarse en la sociedad la pregunta fue “¿y ahora, qué?”. Y ese “¿Ahora qué?” fue bravísimo. Nadie nos abrazó, excepto nuestros familiares. Mi vieja fue la que más sufrió”.
“Y cada abril son estas cosas. Por ahí no pensás en vos. Pensás en los que siguieron adelante sin sus familiares. Para los que siguen vivos, cada abril es recordar ese dolor. De alguna u otra manera, todos fuimos acomodando las cosas y entendimos de qué se trata la vida”, cerró. Hace unos años, se conoció un video del reencuentro entre madre e hijo, luego de Malvinas.


