En una muestra más de que la Copa Libertadores dista mucho de ser la Champions League, el partido más trascendental del torneo, aparte de la final única dispuesta por Conmebol a partir de este año, entregó una nueva versión bizarra, con gente tratando de sacar los papelitos del campo de juego, pese a que el viento fue un rival inesperado.
Llegar a la cancha de Boca fue un verdadero laberinto, con vallas colocadas en calles que en general son transitables en cualquier partido común, pero dada la magnitud del evento, todo era previsible.
Es que los organismos de seguridad habían alertado sobre un posible enfrentamiento entre facciones de la barra brava de Boca, en medio de un clima enrarecido por la política del club y las inminentes elecciones a presidente.
Carros de asalto, policías motorizados, efectivos controlando que no haya "trapitos" en las zonas cercanas de la cancha y la implementación del Programa Tribuna Segura, hicieron que llegar al "Alberto J. Armando" fuera algo parecido a un tetris.
Las tribunas tuvieron el azul y amarillo como el color natural y en ese sentido todo fue pasión, algarabía y esperanza en el pueblo "xeneize", y previo al inicio del partido las bengalas, los globos de colores y los cánticos en contra del archirival, se hicieron eco en los cuatro lados del estadio.
Como cuando Clemente, el recordado personaje de Caloi, pedía que los hinchas arrojasen "papelitos" en el Mundial de Argentina 1978, las tribunas de "La Bombonera" entregaron una lluvia de papeles, que sin embargo, más allá de lo lindo que fue, obligó a la demora del inicio del partido.
El campo de juego terminó siendo un mar verde y blanco y los hombres que obligó a que Sampaio debiera pedir que se limpien las líneas, que no podían verse, y en ese sentido todo se demoró 15 minutos.
El inicio del partido destapó la caldera que fue "La Bombonera" y en ese ir y venir de jugadas el público jugó sus momentos, con intensidad, sin decaer, y viviendo en una ciudad blindada, en medio de una pasión desbordante.
