Cuando faltan cuatro días para un fuerte vencimiento de deuda, el S&P Merval y los ADRs argentinos mostraron subas en el arranque del año, en una rueda marcada por la cautela inversora, el seguimiento del frente financiero y los efectos del escenario geopolítico regional.
Los operadores negociaron con la mirada puesta en la detención de Nicolás Maduro, el presidente de Venezuela, quien ya compareció ante los tribunales de Nueva York, un hecho que comenzó a ser internalizado por los mercados internacionales.
En el segmento de renta fija, los títulos soberanos cerraron con mayoría de subas. Los Bonares avanzaron hasta 0,8% en la plaza local, impulsados por el Bonar 2029, mientras que los Globales registraron mejoras de hasta 1,1%, lideradas por el Global 2029. En ese contexto, el riesgo país se ubicó en 566 puntos básicos, reflejando una percepción de riesgo aún elevada pero estable.
La atención del mercado permanece centrada en el perfil de vencimientos: la Argentina afrontará en 2026 compromisos de deuda en moneda extranjera por casi USD 20.000 millones, con el primer pago concentrado en el corto plazo. El próximo viernes vence un compromiso por USD 4.200 millones, y el Gobierno buscaría cerrar un préstamo con bancos internacionales para completar los fondos necesarios sin exhibir una caída significativa de las reservas del Banco Central.
En Nueva York, los ADRs cotizaron de manera dispar. Grupo Supervielle encabezó las subas con +5,9%, seguido por Grupo Financiero Galicia con +5,2%. En el extremo opuesto, IRSA retrocedió 1,4%, mientras que otros papeles como Mercado Libre avanzaron hasta 9,1%, reflejando un mayor apetito por activos vinculados al crecimiento regional.
A nivel local, el S&P Merval trepó 0,1% hasta los 3.130.196,92 puntos, mientras que medido en dólares avanzó 0,4% hasta 2.031,42 puntos. Sin embargo, la rueda mostró mayoría de bajas: Transener cayó 2,2% y Sociedad Comercial del Plata retrocedió 2,1%. En contraste, Bolsas y Mercados Argentinos se destacó con una suba de 4,9%.
En relación con Venezuela, Gustavo Araujo, Head of Research de la firma de servicios financieros Criteria, advirtió que aún no existe una lectura definitiva sobre el impacto del nuevo escenario.

“En lo inmediato, los principales ganadores fueron las compañías petroleras y de servicios energéticos estadounidenses, que registraron subas significativas ante la expectativa de participar en la reconstrucción de la infraestructura venezolana y en una eventual reapertura del sector petrolero”, señaló.
En paralelo, los bonos soberanos venezolanos y la deuda de PDVSA mostraron fuertes avances, anticipando un reposicionamiento de los inversores frente a un posible cambio estructural.
No obstante, Araujo remarcó que el precio internacional del petróleo permaneció prácticamente inalterado, lo que sugiere que el mercado ya descontaba algún tipo de desenlace político. Además, subrayó que una recuperación significativa de la producción venezolana demandará tiempo: “Reconstruir capacidad extractiva, infraestructura y capital humano es un proceso de varios años, muy lejos aún de los niveles históricos previos a la crisis”.
Respecto del impacto local, sostuvo que para la Argentina el efecto sobre Vaca Muerta “no es inmediato ni concluyente”. En ese sentido, desde Criteria indicaron que no esperan presiones relevantes adicionales sobre el precio del crudo en el corto plazo, aunque decidieron mantener a YPF y Vista bajo observación, sin modificar por ahora sus recomendaciones de compra, a la espera de mayor claridad sobre la evolución de los acontecimientos y su impacto en el equilibrio energético global.
Históricamente, Venezuela fue un proveedor clave de crudos pesados y extrapesados, especialmente relevantes para el sistema de refinación de Estados Unidos, cuyas refinerías del Golfo de México fueron diseñadas para procesar este tipo de petróleo. Esa complementariedad técnica explica por qué, más allá de las tensiones políticas, el país siempre ocupó un rol central en la arquitectura energética hemisférica.
La pérdida de producción, desde niveles cercanos a 3,5 millones de barriles diarios hasta menos de 800 mil en sus peores momentos, no eliminó esa relevancia, sino que la transformó en una opción estratégica diferida, cuya eventual reactivación podría alterar los balances regionales y globales, según analistas.
Desde la óptica del mercado, Venezuela funciona como una fuente potencial de oferta latente: no se trata de un shock inmediato, pero sí de una expectativa estructural que los inversores tienden a internalizar con anticipación en sus decisiones de pricing y posicionamiento.

