Desde el 7 de agosto de 2025, Estados Unidos implementó un nuevo esquema arancelario que impactó a múltiples países, entre ellos Argentina, con tasas que oscilan entre el 10% y 50%. En el caso argentino, la tarifa general se alzó en torno al 10%, mientras que los sectores de acero y aluminio, ya sometidos a restricciones entre abril y junio, continuaron sujetos a una carga del 50%.
Esta medida se da en un contexto más amplio de guerra comercial global, donde EE.UU. busca equilibrar su balanza comercial, imponiendo aranceles distintos según la relación bilateral y el superávit de cada país. Según el gobierno argentino, las negociaciones con Washington siguen en curso, con expectativas de lograr una reducción o exención de los gravámenes.
En Argentina, este escenario genera preocupación en sectores industriales, especialmente en el agroindustrial, textil y metalúrgico, que podrían ver afectadas sus exportaciones y competitividad. Sin embargo, el hecho de estar dentro del grupo de países con aranceles más bajos, junto a Chile, por ejemplo; le otorga una ventaja relativa frente a otras naciones de la región.
En definitiva, mientras los aranceles ya rigen plenamente, el desenlace dependerá de la capacidad de negociación del Gobierno argentino y de su alineamiento político con la administración estadounidense.
