El cobre se consolidó como el mineral más demandado de la transición energética. Mientras se realizaba en Mendoza una nueva edición de Argentina Mining, su cotización superó los 11.200 dólares por tonelada métrica en la Bolsa de Metales de Londres, alcanzando un valor histórico que refuerza su papel estratégico a nivel mundial.
Argentina cuenta con 18 proyectos de cobre en etapa avanzada, aunque actualmente exporta montos mínimos en comparación con su potencial. En Mendoza, el emprendimiento PSJ Cobre Mendocino, ubicado en Uspallata, ya obtuvo la Declaración de Impacto Ambiental y aguarda la ratificación legislativa para avanzar en su fase de factibilidad.
El incremento del precio responde tanto a factores financieros como estructurales. La baja de tasas internacionales y la mayor demanda de metales como refugio de valor impulsan su cotización. A esto se suma el crecimiento sostenido de la transición energética, que requiere cobre para la fabricación de autos eléctricos, baterías, redes eléctricas y parques solares o eólicos.

La producción mundial no logra acompañar ese ritmo de demanda. El desarrollo de una mina de cobre demanda más de una década de inversión y planificación, y los nuevos yacimientos son cada vez más costosos. A nivel global, los principales exportadores —Chile, Perú y algunos países de África— enfrentan limitaciones de oferta, lo que potencia el interés por nuevos polos productivos en la región.
En ese contexto, los proyectos argentinos adquieren una relevancia estratégica. Mendoza podría convertirse en la primera provincia del país en iniciar la producción de cobre, con PSJ Cobre Mendocino a la cabeza. El emprendimiento prevé una producción promedio de 40.000 toneladas anuales, mientras que proyectos de mayor escala, como Los Azules en San Juan, estiman cerca de 200.000 toneladas por año.
De concretarse los plazos previstos, el proyecto mendocino ingresaría en su etapa de factibilidad en 2026 y podría comenzar a producir en un plazo cercano a los 18 meses.
Para la provincia, el desarrollo del cobre representa una oportunidad histórica: podría incrementar las exportaciones en un 30% y fortalecer la economía regional mediante la generación de empleo, la movilización de proveedores locales y el aumento de los ingresos fiscales.
Con la demanda global en ascenso y reservas de clase mundial, Mendoza se prepara para dar el salto hacia una nueva etapa minera, en la que el cobre se perfila como el gran protagonista del crecimiento económico provincial.
