El consumo en Mendoza continúa en retroceso y arrastra a gran parte de la economía provincial. El aumento de los costos, la baja rentabilidad y la caída de la demanda conforman un escenario que deja sin margen de maniobra a muchas empresas, especialmente a las pequeñas y medianas.
En los últimos 18 meses, más de 1.000 compañías cerraron sus puertas en la provincia, con una pérdida estimada de 2.500 puestos de trabajo. La actividad se mantiene por debajo del 60% de la capacidad productiva, lo que representa una caída del 3% respecto de 2024 y del 7% frente a 2023.
Sectores más golpeados
La contracción afecta a la industria manufacturera, los servicios de transporte y almacenamiento, información y comunicaciones, minería, hotelería y gastronomía. En este último rubro, el aumento sostenido de los gastos fijos y la falta de rentabilidad complican la continuidad de numerosos emprendimientos, incluso en zonas comerciales donde las ventas se mantienen estables pero sin crecimiento.

Vitivinicultura en números rojos
El sector vitivinícola atraviesa una situación especialmente delicada. Según el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), entre enero y agosto las ventas de vino en el mercado interno cayeron 3,5% interanual, mientras que en Mendoza la baja fue de 1,6%. Los vinos sin mención varietal lideraron la caída, con una reducción del 6,3%.
Agosto fue el mes más crítico, con una retracción del 17,1% en la comercialización respecto al año anterior. También se desplomó el consumo per cápita, que en ese mes bajó 18,3%, ubicándose en 1,42 litros por habitante.
En el frente externo, las exportaciones de vino acumularon hasta septiembre una baja del 6,3% interanual, aunque con un leve repunte en el último mes. Este panorama presiona las finanzas de las bodegas, donde se registran retrasos en pagos, cheques rechazados y dificultades para abonar sueldos.
Exportaciones y competitividad
La caída del consumo interno se combina con una merma en las ventas al exterior. Entre 2014 y 2025, las exportaciones de Mendoza promedian una baja del 7%, afectadas principalmente por la pérdida de competitividad y los costos logísticos.
El deterioro se percibe más en los precios que en los volúmenes: mientras algunos productos como el aceite de oliva lograron sostener su valor, otros —como el vino— sufrieron fuertes caídas. La incertidumbre económica y la falta de previsibilidad tributaria y laboral continúan frenando inversiones.
Pese a ello, los sectores agroindustriales mantienen expectativas moderadamente positivas para el cierre de 2025, impulsadas por la nueva cosecha de ajo, hortalizas, frutas industrializadas y vino.
Día de la Madre: otra señal de alerta
El consumo minorista también evidenció su debilidad durante el Día de la Madre. Según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas en comercios pymes cayeron 3,5% interanual, marcando el cuarto descenso consecutivo.
Aunque el ticket promedio fue de $37.124, el aumento nominal del 9,8% no compensó la inflación, lo que representa una baja real del 16,7%. A pesar de los descuentos y cuotas sin interés ofrecidos por más del 80% de los comercios, la demanda no repuntó.
El poder adquisitivo debilitado, el empleo estancado y las altas tasas de interés continúan enfriando la economía y limitando la recuperación del consumo en Mendoza.
