El dólar oficial cerró julio con una suba del 7%, alcanzando los $1300, su valor nominal más alto desde la salida del cepo. Pese al salto, los analistas coinciden en que no habrá un traslado directo a precios, como sí ocurría en contextos similares anteriores. Para las principales consultoras, la inflación de julio se ubicará entre 1,8% y 2,1%, apenas por encima del 1,6% de junio.

La sorpresa en el mercado se debe a que, por primera vez, una devaluación de esta magnitud no se refleja de inmediato en el IPC. Los expertos lo atribuyen a factores como expectativas ancladas, baja en la indexación salarial, debilidad del consumo y apertura comercial, que limita la posibilidad de trasladar costos. A esto se suma una mejora en el tipo de cambio real, que fortalece la competitividad del peso frente a las monedas de los principales socios comerciales.
Sin embargo, el fin de la liquidación del agro y la cercanía de las elecciones podrían presionar al dólar en las próximas semanas. Mientras tanto, el foco de los economistas está puesto en la inestabilidad de las tasas de interés y su impacto en la actividad, que en mayo cayó 0,1% y en junio se mantuvo sin cambios. Para el FMI, el PBI crecería 5,5% en 2025, gracias al arrastre estadístico tras la recesión de 2024.



